Quiero que mi sangre arda,
se hagan fuego mis huesos,
salten mis cenizas al aire,
nazca un aire limpio, nuevo.
Quiero ser fuego y, ardiendo,
reconocer allí, donde no tuve
fuertes los brazos y ardientes
los besos,
que te dejé pasar, vida, a mi
lado,
y fuiste sombra, alguna vez
recuerdo,
sin llegar a ser latido
porque asfixiaron mi fuego
antes de que consumiera el odio,
antes de que los celos,
y el empeño por querer ser
primero,
me impidiera ser abrazo que
calienta,
ser todo yo, entregado,
hombre para los hombres
y nube para el cielo
cruzando el infinito azul
y llevando en el pelo
aroma con sentido de heno verde
cortado allá, en el prado,
y, con una escala transparente,
alfombrar lo infinito aquí, en
el suelo.
José Luis Molina.
Miércoles de cenizas, 18 de febrero del 2026

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