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jueves, 6 de julio de 2017

Declaración de solidaridad sin fronteras

por Blogger
69511_n_20-08-14-13-42-57DECLARACIÓN DE SOLIDARIDAD SIN FRONTERAS
MIGUEL ÁNGEL MESA BOUZAS, miguelmesabouzas@gmail.com
MADRID.
ECLESALIA, 07/07/17.- Siendo mayor de edad, y en plenas facultades mentales, con domicilio en Madrid, pero sintiéndome ciudadano del mundo, abogando por la superación y la eliminación de todas las fronteras en todos los países del mundo:
DECLARO:
Que a pesar de mis insuficiencias, temores e incoherencias, deseo que me inscriban en un registro que conste en todos los estamentos públicos y privados, nacionales e internacionales, en el que conste que me siento muy unido, enteramente cercano, intensamente identificado y en profunda solidaridad:
Con las mujeres, que sufren discriminaciones de todo tipo, acoso y toda clase de violencia, que son obligadas a casarse en edades tempranas, o son víctimas de trata para prostituirse, que son asesinadas por sus parejas, familiares u otras personas, por el simple hecho de ser mujeres, en un inmenso feminicidio a escala mundial.
Con el colectivo LGTBI, con cada una de sus personas concretas, con nombres y apellidos, con sus luchas y reivindicaciones, para superar la exclusión, el rechazo, el insulto, la violencia, la prisión, la muerte que sufren cada día.
Con los niños y niñas obligados a realizar un trabajo esclavo, a vender sus cuerpos, que sufren distintos tipos de agresiones en la escuela, en su casa, en la sociedad, que son empujados a la droga o enrolados a la fuerza en distintas guerrillas…
Con las personas en paro, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que no tienen un trabajo, no pudiendo así independizarse, mantener a sus familias, sentir que pueden vivir con cierta seguridad, felices, con dignidad.
Con las personas refugiadas, que tienen que huir de sus países en guerra, por pobreza, para escapar de las persecuciones de distintos tipos, para mejorar sus vidas… y son engañados, extorsionados, violentados, perseguidos y, al final, al fin cuando llegan a su destino, son rechazados y apartados en campos de aislamiento… quienes han tenido ¿la suerte? de llegar.
Con las personas ancianas, olvidadas, abandonadas, desatendidas por sus familiares, por el Estado, muchas de ellas con alzheimer, parkinson u otras enfermedades, o sin medios para subsistir.
Con todos los hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y ancianos de toda la tierra, que son víctimas de la guerra, el hambre, el odio, la violencia, el terrorismo, la marginación, la expulsión de su tierra, el racismo, o la persecución por sus ideas políticas o sociales, su identidad sexual, su religión, su etnia…
Con los países del Sur y los colectivos empobrecidos de nuestro mundo, valiosos y ricos por sus tierras y sus gentes, pero colonizados, explotados, enfrentados de forma subliminal entre su propia población, marginados de las decisiones que les afectan, ninguneados, despreciados por los países ricos del Norte, tan cristianos y civilizados, pero que en realidad son los causantes de muchas de sus desgracias, guerras y violencias, de su desesperanza.
Con la Madre Tierra, que sufre la devastación, el expolio, la polución, la despreocupación del género humano hacia ella. El aire, los ríos, lagos, mares y océanos, la superficie terrestre están en gran medida contaminados; los bosques, la selva, la flora y muchos animales están desapareciendo y, por eso, nuestro mundo está dando cada día más señales del dolor que le causan los seres humanos y, en especial, los países ricos, que no quieren tomar medidas drásticas para que se invierta el proceso de cambio climático que estamos causando y sufriendo.
Y para que así conste, reafirmando mi plena solidaridad y mi deseo de seguir siendo fiel, en la medida de mis posibilidades, a todas estas personas, a estos colectivos y sus justas causas, a este hermoso planeta azul, firmo la presente declaración a 30 de junio de 2017 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Me uno plenamente a esta declaración y la firmo
José Luis Molina

miércoles, 8 de marzo de 2017

DÁ DE LA MUJER Y FERIADO BANCARIO




Hoy,miles y miles de ecuatorianos hemos salido a las calles en una inmensa manifestación pacifica pero ardiente.
A dos días de comenzarla campaña electoral para designar presiente de la República en segunda vuelta, los ecuatorianos se han echado a las calles de manera masiva uniendo la celebración del día de la mujer con el otro 8 de marzo de hace 18 años (1999) en el que se dio el feriado bancario que provocó una crisis terrible que obligó a cientos de miles de ecuatorianos arruinados a emigrar a EEUU, España, Italia etc en el gobierno de Mahuad del que Lasso, actual candidato a la presidencia, era Ministro de Economía.


Comento lo que he visto y he estado allí. En la prensa extranjera se habla de que el oficialismo ha tratado de arremeter contra Lasso. Ciertamente la manifestación fue convocada por Alianza País pero los miles de manifestantes, (nadie ha minimizado el número) no eran militantes del partido solo. Era pueblo ecuatoriano, mucho pueblo ecuatoriano el que desfilaba hoy por las calles. E iban sin violencia ni agresividad, al contrario de Lasso, Paez Mauricio Rodas (alcalde de Quito) y unos pocos de sus partidarios en los días de recuentos de la primera vuelta frente a la sede de la CNE. Allí si hubo violencia (incluso con las puertas de los inmuebles) palabras con falta de respeto y groserías e incitación al desorden público y al irrespeto a la ciudadanía.


Repito hoy había en las calles mucho pueblo ecuatoriano. Muchos afroecuatorianos, muchos indígenas, mucha piel cobriza, aceitunada. Lo que no había demasiado aunque también, eran rubios de pieles claras. Muchos de ellos bailan otra jumbia.
Esperemos que el pueblo ecuatoriano, el 2 de abril, sepa valorar lo que tiene y lo que ha conseguido los derechos que ahora se le reconocen y no se precipiten a perderlo. Es bueno mirar al entorno donde la arremetida neoliberal es manfiesta y donde, tal vez el ejemplo más ostensible sea el caso argentino

José Luis Molina

martes, 17 de mayo de 2016

16 DE ABRIL -- 16 DE MAYO DE 2016


Hoy hace un mes del terremoto en Ecuador. 
El tiempo pasa y aunque quisiéramos relativizarlo es imposible, hoy tiene más sentido que nunca. 
Hace un mes, en menos  de 40 segundos, la tierra se estremeció y se llevó a sus adentros a casi  setecientos hombres y mujeres de todas las edades.   En menos de 40 segundos la vida del Ecuador se transformó en estruendos, en gritos, en llanto, en sangre.  En menos de 40 segundos  un rayo de fuego partió el cielo de ese  Ecuador que ama la vida. Muchos lo vimos.   La Pachamama en menos de 40 segundos nos lo dijo: ¡Estoy viva!
Hace un mes, venciendo la idea del castigo a Sodoma y Gomorra, del pánico de la llegada del fin del mundo y del egoísmo de que mi familia es solo la de sangre,  muchos salieron a mostrar sus manos, su fuerza en solidaridad, a los que se hallaban caídos bajo los escombros,  aún sí para ello debían cruzar  los Andes y hasta el Atlántico de por medio.
Desde hace un mes, con las manos sosteniendo nuestra cabeza en un desesperad ¡No podemos creer que nos esté sucediendo esto! ¿Por qué Señor? ¿por qué?, nos aferramos a creer que Dios no nos ha abandonado.
Desde hace un mes, la conciencia ha golpeado la puerta de todos para recordarnos que la vida es tan frágil y que sí este dolor tan grande no quiebra nuestro egoísmo ya nada será capaz de hacerlo.
Desde hace un mes estamos rotos, sí, lo estamos, aunque nuestra casa no esté en el litoral, en la zona cero. 


Y hoy 16 de mayo de 2016, hace un mes del terremoto, yo solo quiero que el espíritu de Pentecostés se haga presente como brisa fresca, como secreto en el oído,  susurrando como aliento, como en plegaría con la voz viva de nuestros muertos una y otra vez, para levantarnos, aquello que se ha hecho ya tan nuestro:
¡ECUADOR AMA LA VIDA!
  Marcia Toca

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jueves, 19 de noviembre de 2015

¿EN NOMBRE DE QUÉ?


Publicado: 16 noviembre, 2015 en DENUNCIA / ANUNCIO
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no solo¿EN NOMBRE DE QUÉ?
KOLDO ALDAI AGIRRETXE, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).
ECLESALIA, 16/11/15.- No sólo los alientos acallados, sino la conciencia despertada. No sólo la barbarie desatada, sino la civilidad reafirmada; no sólo la vida física segada, sino el sentimiento de unidad y de paz sin reverso de odio generados.
Una vez más el foco en la dirección que deseemos, no sólo en la sangre, sino sobre todo en las rosas que cubren todos sus charcos.
Quizás el foco sobre todo hacia a esas torres Eiffels solidarias que se expanden por doquier, por tantas pantallas, tablets, teléfonos…, quizás hacia ese sentimiento de profundo sosiego e incuestionable libertad, que inunda hoy tantos millones de corazones.
Cierto, no somos solo París, somos también Beirut, Damasco, Bagdad…; somos cualquier lugar del mundo donde un pecho es agujerado, donde una absurda bomba es detonada; somos cualquier lugar del mundo donde el humano padece y llora, donde se falta a su derecho al aliento, a sus derechos fundamentales; somos cada día una humanidad más unida en defensa de la vida, frente a la barbarie, una humanidad cada día más madura, serena y fraterna. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 18 de noviembre de 2015

VIOLENCIA DE GÉNERO

Violencia de género, ¿ya hemos hecho todo?

Publicado: 13 noviembre, 2015 en DENUNCIA / ANUNCIO
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blanco negro magentaVIOLENCIA DE GÉNERO, ¿YA HEMOS HECHO TODO?FERNANDO TORRES PÉREZ, Fundación Luz Casanova, comunicacion@proyectosluzcasanova.org
MADRID.
ECLESALIA, 13/11/15.- Desde hace unos cuantos años se han dicho muchísimas cosas sobre la violencia de género. Se han hecho estudios sociológicos y psicológicos. Se ha investigado el fenómeno desde muchos puntos de vista. Los medios de comunicación han abundado en estas historias, llevando hasta una especie de contador macabro, que, muerte a muerte, nos recuerda que las mujeres mueren de forma violenta precisamente en ese ámbito tan íntimo donde debía reinar el amor, el cariño, el perdón, la comprensión… Se han dicho muchísimas cosas.
Pero quizá no se ha hecho todo. No basta con decir. Y eso que decir es importante. Gracias a todo eso que se ha dicho, en los últimos años ha ido surgiendo una nueva conciencia en la sociedad sobre el tema. Conocí hace años a un viejo policía. Ya estaba jubilado. Había trabajado toda su vida en una comisaría de una ciudad de provincias. Comentando de este tema, me reconoció paladinamente que en su época, cuando una mujer venía a comisaría diciendo que su marido la había pegado, lo normal era no recibir la denuncia. No se rellenaba ni un papel. Sencillamente, se le enseñaba la puerta y se le decía que volviese a su casa y lo arreglase ella. Y posiblemente, más de un policía se quedaría pensando que algo habría hecho aquella mujer para que su marido la pegase. Así era entonces. En las comisarías y en toda la sociedad. Las mujeres recibían presiones para aguantar no sólo de las autoridades civiles sino también de sus propias familias. Conocí un caso en que fueron sus propias amigas las que fueron a ver a la mujer agredida, que estaba pensando en separarse, para convencerla de que no lo hiciese, de que el escándalo sería terrible para ella y para su familia, de que tenía que aguantar y de que –casi seguro que se lo dijeron también– no era para tanto.
Hoy no pasan esas cosas. O pasan mucho menos. Todo lo que se ha dicho y publicado en los medios en estos últimos años ha cambiado la forma en que la sociedad ve el tema. La consecuencia ha sido que el gobierno, mejor o peor, ha tomado cartas en el asunto y ha puesto medios concretos –leyes, instituciones, personas, dinero, etc.– para ayudar a las mujeres que sufren la violencia de parte de sus parejas. La misma policía se ha puesto las pilas. Ahora, en muchos casos, cuando una mujer llega a una comisaría, se encuentra con personas que escuchan, que reciben la denuncia y que intentan ayudar.
Las cosas han cambiado mucho. Ahora la sociedad no es indiferente frente al tema. Ha tomado una actitud activa para enfrentar lo que es un problema que en conjunto ha causado en este país más muertes que el terrorismo. Pensemos que en toda su historia, que deseamos que ya sea sólo historia, ETA asesinó en total a 830 personas mientras que desde 1995 hasta ahora han sido asesinadas más de 1.350 mujeres. Y no contamos a las otras víctimas: las mujeres que no han muerto pero han resultado con daños físicos o psicológicos –tan importantes como los físicos– y, por supuesto, los niños que han sido testigos de la violencia ejercida contra sus madres.
La sociedad está poniendo medios. Ya no presiona a las mujeres para que callen. Ahora las incita a hablar a denunciar. Hay un teléfono gratuito al que pueden llamar las mujeres que se sienten agredidas. Y nos dicen y repiten que no deja huella en la factura, dato importante para una persona que se siente amenazada y controlada por su pareja.
Pero hay otra presión que no ha desaparecido y que les hace callar y aguantar. Es la presión interna que sienten muchas mujeres. Es la pregunta que se hacen a sí mismas de adónde van a ir, qué va a ser de ellas si dejan a la pareja que les agrede. Porque les pega o insulta pero les da una casa y comida. Muchas dependen económicamente de su agresor, no tienen trabajo, no tienen casa donde retirarse y sentirse seguras. Esa presión interna es muy fuerte y, sin duda, sigue ahí, en los corazones y las mentes de las mujeres agredidas. Terminan convenciéndose a sí mismas de que es mejor aguantar que exponerse a la intemperie de una sociedad que es muy dura, sin trabajo, sin hogar, sin nada.
Hace unos pocos días me contaba un amigo una escena que había presenciado uno de sus hijos en la calle. Paseaba con su grupo de amigos cuando vieron un poco más allá a un hombre que pegaba a una mujer. Pegaba, gritaba, insultaba… Se notaba que eran pareja. Al poco, sonó la sirena de un coche de la policía que se acercaba. Se conoce que la escena llevaba ya tiempo en marcha y algún vecino o paseante había llamado a la policía. El sonido de la sirena provocó la huida del hombre. Allí quedó la mujer cuando llegó la policía. Y en ese momento, todo fueron disculpas. No había sido nada. Apenas una pequeña riña. No, no la había pegado. Los vecinos eran unos exagerados. No, no quería poner ninguna denuncia. A esto es a lo que me refiero cuando hablo de esa presión interna que sufren las mujeres. La sociedad las puede empujar y animar a denunciar. Pero, ¿cómo va a denunciar una mujer, con todo lo que eso significa, cuando no tiene trabajo ni ningún sitio a donde ir con sus hijos?
Más aún. A veces no hace falta pegar ni insultar ni gritar. Según una encuesta reciente el dato cuantitativo más alto es el de la “violencia psicológica de control”. Son hombres que no pegan pero controlan y dominan en todo momento. Mediante ese control, facilitado hoy en día por los teléfonos móviles, quieren saber dónde está la mujer en cada momento y qué está haciendo, recelan continuamente de cualquier relación social de la mujer, ya sean amigos o familiares, le obligan a pedir permiso para salir de casa o ir a determinados lugares, siempre pensando que pueden ser infieles… Son los celos de siempre con tecnología moderna (whatsapp) aplicada al control de la mujer y de todos sus movimientos, siempre vistos desde la sospecha. Según datos publicados por el periódico El Mundo (31 de marzo de 2015), cinco millones de mujeres han sufrido esa violencia a lo largo de su vida. Y casi dos millones (1.840.000) en 2014. Son muchas. Demasiadas.
Y, sin embargo, entre los jóvenes parece que este tipo de control no se le ve como parte de la violencia de género. Un estudio reciente, de marzo de 2015, de la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género sobre “Percepción Social de la Violencia de Género en la Adolescencia y la Juventud” pone de manifiesto que una de cada tres personas jóvenes no identifica los comportamientos de control con la violencia de género. Y que, en definitiva, la población joven es algo más tolerante que el conjunto de la población con las conductas relativas a la violencia de control. Todavía queda, pues, mucho camino para concienciar sobre estos problemas a toda la sociedad pero especialmente a los más jóvenes porque ellos son el futuro.
Hay que pasar a la acción. Y, gracias a Dios, hay mucha gente que ha pasado a la acción. Dicen pero también hacen. Uno de estos lugares es la Fundación Luz Casanova. No es la única institución o grupo o asociación que se ha puesto manos a la obra para ayudar a las mujeres que sufren esta violencia, pero es la que conozco y por eso hablo de ella.
En la Fundación Luz Casanova se ofrece una casa de acogida para las mujeres que han sufrido la violencia de género y que se han decidido a cambiar su vida, que se han atrevido a buscar una salida. Funciona desde 1995 como una casa, un hogar, donde desde el primer momento en que abandonan su casa –si es que así se puede llamar al lugar donde vivían– pueden encontrar el calor y el ambiente de familia que necesitan. Ellas y sus hijos, porque también hay espacio para ellos.
El primer objetivo es ofrecerles un lugar seguro. Esto de la seguridad es muy importante porque son personas que han sufrido violencia y se sienten amenazadas. Como decía una de ellas que le había dicho su pareja: “No tienes cojones para irte de casa porque te mato. Y yo de la cárcel salgo pero tú no sales de debajo de la tierra.” Por eso la seguridad es tan importante. Pero no sólo. Se les da también ayuda psicológica y se les ofrece la oportunidad de volver a levantar su vida y la de sus hijos, si los hay. Se trata de levantar a las personas, de que recobren su dignidad y su auto-estima –porque el desprecio del agresor termina metiéndose en la misma cabeza de la agredida, que se siente nada y sin valor–. Se trata ayudarles a buscar trabajo, a formarse, a buscar una casa, etc. Se trata de reconstruir la vida lejos de la violencia sufrida y de superar el trauma. Sólo durante 2014 se alojaron en el centro de acogida 46 mujeres y 48 menores, sus hijos. Las mujeres  tenían una media de edad de 32 años y los menores de 4,6.
En la Fundación Luz Casanova existe también un servicio de atención a adolescentes víctimas de violencia de género en sus relaciones de pareja. Sólo un dato: en 2014 se atendió a 127 chicas jóvenes. ¿Su media de edad? 15,8 años. Dato terrible que nos debería hacer pensar mucho sobre la sociedad que estamos construyendo para los jóvenes.
Pero no hay que desanimarse. La existencia de estos recursos, lo que se hace desde la Fundación Luz Casanova y desde otras organizaciones similares, es signo de que la sociedad se está moviendo y está trabajando para hacer posible que esas mujeres que tanto han sufrido puedan comenzar una vida diferente. A su servicio se ponen diversos recursos. Pero, más importante si cabe, todo eso se hace en un contexto de cariño, de acogida, de comprensión, que cura y ayuda tanto o más que el resto de los recursos.
Al menos, nos encontramos con un dato para la esperanza. En 2014 se atendieron en la casa de acogida a 20 personas menos, entre mujeres y menores, que en 2013. Ojalá éste sea el dato que indique estamos viendo la luz al final del túnel. Sin olvidar nunca que mientras haya una sola víctima más, seguimos adentro del túnel y hay que mantener el esfuerzo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lunes, 16 de marzo de 2015

EL DÍA YA LLEGÓ

Aunque sea repetirnos, pues algo similar ya se publicó, considero  que merece la pena por su importancia y actualidad

Educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío"     Confucio         
El día que Albert Einstein tanto temía finalmente llegó.........
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UN DIA EN LA PLAYA

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EN UN EVENTO DEPORTIVO.

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ALMORZANDO CON AMIGOS

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DURANTE UN COMPROMISO INTIMO

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CONVERSANDO CON LA MEJOR AMIGA

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VISITANDO UN MUSEO

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DISFRUTANDO UN PASEO

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“Tengo miedo del día que la tecnología vaya a sobrepasar la interacción humana.- El mundo será una generación de idiotas”

El día llegó.
 
 
____________________________Creo que todos tenemos conocimiento del asunto pero no tomamos conciencia de su dimensión problemática

jueves, 9 de octubre de 2014

¿QUEDA ALGO DE ÉTICA SOCIAL, COLECTIVA, ...PÚBLICA, POLÍTICA?

¿Por qué empiezo con ese título en forma de pregunta?
Afortunadamente creo que sí, que no ha desaparecido la dimensión ética, incluso creo que es posible que eista con mayor profundidad y coherencia que en otros momentos. Creo que hoy se ha ganado en la conciencia ética de muchos colectivos que, desde ella, no se quedan de brazos cruzados. Pero son una minoría por muchos que sean.
Junto con este sentir ético, solidario, etc,  la inmensa mayoría vive sumergida en un "quemeimportismo" (que dirían en Ecuador) que lleva a hablar, comentar, etc, pero luego no pasa nada. Las redes sociales juegan, o podrían jugar, un papel importante, pero me parece, aún a riesgo de enojar a algunos, que vibran con el chisme y convierten en virales acontecimientos anecdóticos e irrelevantes.
Con todo esto por delante, paso a explicarme. Llevo unos cuantos días con una indignación progresiva: el caso de las tarjetas opacas de Bankia, por ejemplo, y no pasa nada. Eso si, todos os calificamos de sinvergüenzas y chorizos, pero no pasa nada en una sucesión de acontecimientos que se arrastran desde largo y donde no se salvan ni las personas de más alto rango jerárquico del país. Pero no pasa nada.!
Pero la indignación me ha subido por encima de los 38'6 de temperatura febril en el caso de Teresa, la enfermera infectada de ébola. Preocupante que haya ocurrido. Preocupante y vergonzoso como se ponen en escena personajes tan fundamentales como la Ministro de Sanidad, Ana Mato o el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Pero lo que ya llega al colmo es por donde están conduciendo el asunto.
No quería permanecer callado, estoy convencido que no debía hacerlo, pero mi indignación era tal que me bloqueaba.
Pero he encontrado el siguiente reportaje en yahoo que dice lo que yo querría decir.
Ahí se lo dejo.
Saquen sus consecuencias.

José Luis Molina 


La culpa es de la enfermera, o cómo usar el 'victim blaming' para lavarse las manos


Por  | Notas a pie de cámara – Hace 8 horas


Ante una tragedia, la mentalidad colectiva necesita un responsable. Alguien físico a quien echar la culpa. ¿Qué provocó el accidente de avión? Da igual que fueran una larga cadena de fallos técnicos encadenados, si en algún momento intervino el piloto, la culpa es suya. Nuestro cerebro racional y nuestra rabia emocional necesitan a alguien a quien señalar con el dedo.
En el caso del ébola, las autoridades ya han dictado sentencia: es Teresa, la enfermera contagiada. No somos nosotros. No es el protocolo. No es la falta de medios. No son los trajes que quedaban cortos o que no tenían el nivel suficiente de protección. No es esa ambulancia que estuvo horas recogiendo a otros enfermos. No es. No es. No es. No somos nosotros. Es la enfermera.
La maquinaria para acusarla se puso en marcha el miércoles, cuando se improvisaba una rueda de prensa en la calle, a las puertas del hospital Carlos III -¿quién puede pensar que no tuviera autorización de Sanidad?- en la que uno de los médicos que atiende a Teresa, contaba que "hemos estado revisado con ella toda la cadena de puesta del traje y su actividad dentro de la habitación y en uno de los momentos me ha transmitido la posibilidad de que hubiera un contacto con la cara al retirarse el traje".
Primera puntilla

¿Habló el médico por iniciativa propia? Es difícil de creer.
¿Quién lo mandó ante los medios de comunicación?
Horas después, el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid clavaba la estocada definitiva: no sólo es mala profesional, sino una mentirosa. Le cuesta "trabajo" creer, ha dicho, que la la auxiliar de enfermería no alcanzara la temperatura prescrita para activar la alerta sanitaria en casos de ébola.
* "Hay información que ha ocultado, ella no dijo nada cuando llamó (al Carlos III) de que podría haberse producido ese contacto porque si lo hubiera dicho el primer día se hubieran tomado otras medidas".
* “Parece que ha reconocido a su médico que probablemente tuvo un contacto con su guante. Durante este tiempo lo negó siempre. No informó a su médico".
* "Es mentira que ella se enteró por los periódicos. Se le informó a ella y a su marido a través del Director Geneneral de Atención al Paciente".
* "Esta paciente nunca superó esa cifra (de fiebre); también es verdad que a raíz de los resultadosnos pudo estar mintiendo, pero lo pongo yo de mi cosecha" Javier Rodríguez, consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid

Por cierto, ha sido Rodríguez el que ha contado que Teresa, cuando salió del médico de cabecera -¡oh, imprudente temeraria!- se fue a depilar a una peluquería –las dos mujeres que la atendieron están ingresadas en observación, en el hospital-.
Horas después, entrevistado en el programa de Ana Rosa, en Telecinco, volvía a cargar contra la enfermera:
  • “para aprender a ponerse un traje –de protección ante enfermedades infecciosas- no hace falta un máster”
  • “una persona puede tener una capacidad de aprendizaje –de los protocolos de protección- y otros no tanto”
  • “el traje se lo han puesto todo tipo de personal, conductores de ambulancia, médicos… y no ha habido ningún problema”.
Poniendo el foco en la enfermera, encontrando alguien a quien culpar, alguien con cara y ojos y voz, empieza a difuminarse toda la larga línea de errores en este contagio.
• El desmantelamiento del único centro español capaz de tratar este tipo de enfermedades contagiosas. En marzo de este año empieza a cerrarse el hospital Carlos III de Madrid. Se desmantelan las cinco salas de presión negativa, las habitaciones con doble puerta de aislamiento y las zonas limpias.
* El desmantelamiento y dispersión del personal del centro, que contaba con un equipo específico de personas formado y entrenado para tratar con enfermedades infecciosas.
• La preparación de urgencia y en un tiempo insuficiente del personal del hospital de la Paz que debía cruzar la calle para atender a los dos misioneros infectados con ébola. “El único protocolo que ha habido es un curso de 15 minutos para saber cómo ponerse y quitarse el mono (traje) de protección”, han denunciado.
• Algunos de los equipos de protección no tenían el nivel suficiente (eran de nivel 2 en vez de 4, el que se está usando en Estados Unidos), según han denunciado los sindicatos y los propios trabajadores.
• Nadie hace caso de la denuncia que trabajadores del personal de enfermería de urgencias de La Paz presentaron en julio ante el juez de guardia de los juzgados de plaza de Castilla, en Madrid. En la denuncia notifican la “falta de información y formación adecuada y desconocimiento de protocolos”, y solicitan la “apertura de diligencias oportunas para delimitar las responsabilidades” y la adopción de “las medidas cautelares para evitar la comisión de delitos o faltas de imprudencia”.
• Cuando la enfermera empieza a tener fiebre, lo comunica telefónicamente al hospital –tenía que llamar dos veces al día tras tomarse la temperatura- pero nadie activa ninguna alarma.

• La enfermera sigue notificando fiebre durante varios días, pero no sigue sin activarse ninguna alarma.
• Cuando lleva ya una semana con fiebre sostenida, se le envía a casa una ambulancia no preparadada. En vez de enviarle una ambulancia de clase B, equipada para enfermos contagiosos, se decide mandarle un modelo simple, con el equipo sanitario sin trajes de protección. Cuentan algunas fuentes que el equipo de la ambulancia recibió este mensaje “paciente febril pero se descarta ébola”. Se ¿descarta? ébola.
• Cuando el camillero entra en el domicilio, Teresa le indica que es enfermera, que ha atendido a los misioneros con ébola y que sospecha que puede estar contagiada. El camillero llama al servicio de coordinación de ambulancias, que, al parecer, le insiste en que lleve la paciente al Hospital de Alcorcón y no al Carlos III.
• Esa ambulancia, por cierto, estuvo después, según algunas informaciones, recogiendo a otros pacientes durante varias horas. Siete enfermos subieron a ese vehículo en las siguientes doce horas al traslado de Teresa.
 • Teresa no ingresa en el hospital Carlos III, sino que la llevan a un centro no preparado, a su hospital más cercano, el de Alcorcón, donde entra en contacto físico directo con varios miembros del personal. De hecho, el médico que la atendió durante todas esas horas acaba de entrar voluntariamente en cuarentena.
Pero, de toda esa cadena de errores, la culpable es la enfermera, igual que algunas mujeres violadas tienen la culpa de la agresión sexual por vestir demasiado provocativamente. Igual que también tienen la culpa las actrices por colgar fotografías pornográficas en la nube. Al igual que un negro tiene la culpa de que le dispare un policía estadounidense por ir con una sudadera con la capucha puesta. Al igual que un alumno habrá hecho algo para sufrir acoso escolar, porque es un empollón asocial.
Culpando a la enfermera, el Gobierno puede así también defender su actuación ante sus socios europeos, muy nerviosos por este caso de contagio, sobre todo los países con más tránsito de turistas hacia España. Una de las tragedias de esta historia de tragedias –que esperemos que no termine con ningún fallecimiento- es que la culpa es de una enfermera que se presentó voluntaria para atender a un hombre que agonizaba y que tenía una de las enfermedades más terribles que existen. Igual que las actrices fueron unas imbéciles inconscientes por subir a la nube sus fotografías desnudas.
La culpa es de la víctima y no del delincuente.