NB.- Este artículo me parece interesante y por eso lo cuelgo en nuestro blog. Me parece interesante por su contenido y porque en él hay apuntes muy significantes de la ética desde la que nos movemos y la inmoralidad a la que nos hemos acostumbrado, no decimos nada, etc. (Racimos de muerte con una estética atractiva, manipulación de la realidad, la información, la política,... en aras de lo único que importa: los beneficios económicos. Y sin caer en el tremendismo, ¡darnos cuenta que en semejantes manos estamos!. Ante esto creo que hay demandas que no nos pueden quedar indiferentes y debemos buscar caminos de rebelión, lucha, lo que sea menos el conformismo y la carlatanería.
José Luis Molina
Salvador López Arnal
Corre por la red esta información.
Érase una vez un comerciante de armas cuya empresa –Instalaza- fabricaba
bombas de racimo. Las vendían al gobierno de su propio país.
Este, su antiguo país, el nuevo protectorado alemán, firmó en su momento un
convenio internacional –el Tratado de Dublín- que prohibía el uso de esas
bombas. Las dejó de comprar. Dio un paso adelante en este vértice; uno de los
pocos.
El “comerciante” no se cortó ni un pelo, los negocios son los negocios y el
euro es el euro: denunció al gobierno, a su propio gobierno. Por desagravio
(“por la prohibición del uso, almacenamiento y fabricación de las bombas de
racimo en España”). El 31 de octubre de 2011 (De hecho, Instalaza había
anunciado en mayo de 2011, cuando el comerciante en armas era su representante,
que pediría una compensación económica al Ejecutivo en concepto de "daño
emergente y lucro cesante". ¿Ven el pareado?).
El patriotismo tiene sus límites: los dignos y necesarios beneficios
empresariales.
Pero he aquí que hubo un cambio de gobierno a finales de 2011. El nuevo
presidente –“nuevo y “presidente” son aquí palabras carentes de precisión-
nombró al comerciante ministro de Defensa.
¿Y qué paso?
Pues que, como en la transformación de La metamorfosis, “el
comerciante, transmutado en ministro”, pagará a su antigua empresa -¿antigua?-
la indemnización correspondiente. Nada, una propinita: 40 millones de euros, el
salario anual sumado de los 1.000 enseñantes-interinos que serán despedidos en
Catalunya por el Departament d’Educació.
En síntesis:
El Ministro de Defensa de España (y V de Alemania), don Pedro Morenés,
pagará 40 millones a su antigua empresa por haber prohibido el anterior gobierno
de su Reino de España las bombas de racimo.
El currículo del señor ministro: fue consejero de Instalaza entre 2005 y
2007. Después ocupó el cargo de representante hasta el 4 de octubre de
2011.
Para cubrir el lado salvaje y la motivación real de la operación, Instalaza
venderá la deuda a una tercera empresa. Esta a su vez la revenderá a una cuarta
o tal vez a una quinta. Finalmente, por arte de transformación y contabilidad
creativa, el Ministro abonará la cantidad. ¿Y qué dirá-dirá? Lo han adivinado:
que no es su empresa la que cobra. Luego se limpiará las manos.

PS. La información señala un punto que no debemos olvidar. Las
submuniciones esparcidas por las bombas de racimo tienen un rango de error entre
el 5% y 30%. Pueden quedar bombas enterradas, sin explotar, siendo muy
peligrosas incluso mucho tiempo después de terminada la guerra.
Especialmente para los niños y niñas: por sus formas llamativas (como
pelotas de tenis o latas de refrescos). Un genial diseñador aconsejó ese
formato: los negocios son los negocios y la estética del capitalismo militar es
la estética del capitalismo realmente existente.
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