domingo, 23 de noviembre de 2014

La Pastoral Obrera denuncia que "esta economía mata"




"El sistema político no está al servicio del bien común"

 

"Ni podemos, ni queremos permanecer impasibles e indiferentes ante el sufrimiento humano"


Los días 15 y 16 de noviembre, el Departamento de Pastoral Obrera, presidido por Mons. Antonio Algora Hernando, nos ha convocado en Madrid a la Iglesia que peregrina en España en medio de la vida del mundo obrero, para celebrar las XX Jornadas Generales de Pastoral Obrera. Este año bajo el lema: "A los veinte años de la pastoral obrera de toda la Iglesia. Dignidad y Esperanza en el mundo del trabajo".

Hemos acudido a esa convocatoria más de ciento cincuenta personas de 37 diócesis, con el objetivo de profundizar desde las experiencias compartidas, y desde la reflexión y la oración común, en:

            • La acción de gracias por el camino evangelizador recorrido en el mundo             obrero a lo largo de estos últimos veinte años
            • La propuesta del Evangelio como alegría y esperanza para nuestros hermanos             ante la nueva configuración del trabajo humano
            • La presencia eclesial y la tarea evangelizadora en el mundo del trabajo que             estamos llamados a seguir realizando.

Nos han acompañado militantes de los movimientos apostólicos, religiosos y religiosas presentes en el mundo obrero; hemos contado también con las palabras de aliento de Mons. Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid.

Iluminados por las reflexiones de los distintos ponentes, empujados por la fuerza del Espíritu, hemos dado gracias al Padre por la riqueza del camino recorrido por la pastoral obrera de toda la Iglesia a lo largo de más de sesenta años, y especialmente por el regalo que supuso la publicación del documento "La Pastoral Obrera de toda la Iglesia".

En estos últimos veinte años el mundo del trabajo ha sufrido unos cambios profundos, que dotan de una configuración absolutamente nueva al trabajo, y que afectan a todas las dimensiones de la existencia. Conscientes de la realidad dolorosa que hoy vivimos en el mundo del trabajo, queremos compartir con todos, un mensaje de denuncia y esperanza:

1. Con las mismas palabras del papa Francisco, denunciamos, una vez más, que esta economía mata. Que el sometimiento de la vida de los pobres a la codicia de unos pocos ha generado un sistema inhumano que antepone el beneficio a la dignidad sagrada de las personas. Queremos denunciar que este sistema económico empobrece, precariza la vida de las mujeres y hombres trabajadores, hiere radicalmente su dignidad, frustra proyectos de vida personales y familiares, excluye, descarta y siembra de muerte los caminos de la existencia humana.

2. Queremos denunciar que negar la dignidad humana, impidiendo el trabajo decente que haga posible una vida digna, es negar a Dios mismo, de quien tenemos en los pobres el rostro sufriente. Este sistema construye una forma de ser hombre y mujer hoy que deshumaniza.

3. Queremos denunciar que el actual sistema político no está al servicio del bien común y de los más pobres, no está al servicio de la vida de las personas, sino que se ha convertido en amparo de corruptos y amorales. Necesitamos regenerar y dignificar la política al servicio del bien común.

4. Ni podemos, ni queremos permanecer impasibles e indiferentes ante el sufrimiento humano que la nueva configuración del trabajo humano, y de la sociedad, están generando. Nos urge a responder evangélicamente el mismo amor de Cristo, que se hizo pobre por nosotros hasta dar su vida para que todos tuviéramos vida, porque la persona humana es siempre lo primero en el proyecto del Reino de Dios.

5. Por eso como signo de esperanza, nos comprometemos:

                        a. A vivir la conversión pastoral a la que nos llama el papa Francisco                             para seguir siendo Iglesia encarnada en el mundo obrero. Nuestra propia                                    vida personal, y nuestra vida eclesial han de ser testimonio encarnado del                   amor preferente de Dios por los empobrecidos. Por eso estamos                                      dispuestos a trabajar con nuestros obispos para que la presencia pastoral                                    y samaritana, la presencia compasiva de la Iglesia acompañe                                           especialmente a desempleados y a trabajadores precarios, a sus familias,                                 a los jóvenes, mujeres y migrantes, a las víctimas de accidentes laborales                          y sus familias, a los trabajadores de la economía informal y sumergida.

                        b. A seguir anunciando la propuesta de liberación de Jesucristo para                 el mundo obrero. A esta tarea somos enviados por nuestra Iglesia para                            recorrer solidariamente los caminos en cuyas cunetas quedan hermanos                          nuestros, Estamos convocados a una nueva imaginación de la caridad y la                      justicia, llegando hasta las periferias del mundo obrero.

                        c. A generar espacios de encuentro que devuelvan el protagonismo                                vital a quienes son excluidos por este sistema económico y político, que                                    posibiliten otra economía, otro trabajo posible, en clave de                                              humanización, que ponga siempre en el centro a las personas. Estamos                                 convocados a ser Iglesia, casa de todos.

                        d. Queremos invitar a toda la Iglesia a poner en marcha, de manera                                 creativa, posibilidades concretas de economía de comunión que                          muestren que podemos establecer nuevas relaciones sociales y                                        económicas basadas en la lógica del don y la gratuidad.

                        e. A trabajar por, y a seguir reclamando proféticamente, un trabajo                               decente para todos, que haga posible la vida digna personal y familiar, y                         la construcción de proyectos sociales, económicos, y políticos de                                               fraternidad, solidaridad y justicia, cuyo eje sean los más débiles y los                                    descartados de nuestro mundo.

                        f. Del mismo modo nos comprometemos, y animamos a sostener y                                  apoyar aquellas iniciativas que ya existen y que hacen posible otra                                  economía, otro trabajo, otra sociedad, acorde con la que Dios, Padre de                           Misericordia, sueña para todos sus hijos e hijas.
                        Queremos llevar este mensaje de esperanza a nuestras diócesis y                                   movimientos, ofrecerlo como propuesta a nuestras comunidades, a                                  trabajadores y empresarios, a creyentes y no creyentes, a hombres y                                mujeres de buena voluntad, a todos aquellos dispuestos a seguir abriendo                                    caminos de esperanza para recuperar la dignidad en el mundo del trabajo.

A María, Madre de los pobres, madre del divino obrero de Nazaret, confiamos nuestra tarea.

viernes, 14 de noviembre de 2014

EL OLOR DEL COCIDO (Una gozada olerlo y leerlo)




Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia, de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta. Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.
Entró en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto; iba distraído pensando en el Informe  Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte povera. De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le servía la comida en la bandeja, era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres.

Quiso retirarse; pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida; había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale...
No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos. Al salir, no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve.Vuelve cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza.
 
"Los hombres no valen por lo que tienen, ni siquiera por lo que son, valen por lo que dan".




UNA BUENA NOTICIA NO PORQUE LA NECESITE SINO PORQUE ES DE JUSTICIA



2015: Beatificación de monseñor Romero

 

Nos ha llegado la noticia de imprevisto. En la reunión del clero del 4 de noviembre, monseñor José Luis Escobar dijo que, en su estancia en Roma, el papa Francisco le comunicó que monseñor Óscar Romero será beatificado el año entrante. El arzobispo no dio detalles sobre la fecha y el lugar. Pero la noticia ya nos ha llenado de alegría.
Los dos papas anteriores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, hablaron de ello, pero no con mucha convicción y decisión. Y se notaba el temor de incomodar a los poderosos: "Todavía no es el tiempo oportuno". El lenguaje del Vaticano era ambiguo y poco entusiasmante.
Todo ha cambiado con el papa Francisco. Hace un año dijo que la causa de monseñor estaba estancada, pero que sin duda avanzaría. Más que estancada pienso que estaba bloqueada por muchos intereses que nada tienen que ver con Jesús de Nazaret.
Lo hemos dicho muchas veces: la alegría y el júbilo de la gente está asegurado. Pero he solido tener un pequeño temor y una duda: qué dirá el acta de canonización sobre monseñor Romero. Santo y virtuoso lo fue en grado sumo. Pero fue algo más, como lo puso en palabras Ignacio Ellacuría en la misa de funeral de la UCA, inmediatamente después del asesinato del arzobispo: "Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador". Por aquellos mismos días, don Pedro Casaldáliga escribió el poema San Romero de América, pastor y mártir nuestro. Y espontáneamente el pueblo lo llamó "santo". El culto del pueblo, popular, ha sido masivo, aunque no está permitido durante el proceso de beatificación.
Esperamos, pues, al año entrante. En 2015 no habrá mundiales ni juegos olímpicos. No lucharán unos contra otros para ganar. Algo o mucho ganaremos todos, con excepción de algunos irredentos. No correrán millones de millones para esconder pobreza, violencia y angustias. Sí habrá pupusas y tamales.
En 2015 ganará la niñita de una champa de Zimbabue, quien, cuando le pregunté en 2007 qué conocía de El Salvador, me dijo al instante: "Un obispo". Y días después, también en Zimbabue, saludé a Desmond Tutu. Le dije que venía de El Salvador y me contestó: "¡La tierra de Romero! ¡Cuánto le recordábamos en tiempos de guerra!". Y así, muchas otras historias que no cabrían en todos los libros del mundo.
Ha desaparecido mi temor de que beatifiquen a un monseñor Romero aguado. Hoy es difícil manipularlo. Y una petición: "San Romero de América, ruega por todos los pobres del mundo. Y ruega por este pueblo salvadoreño, que es el tuyo".
Jon Sobrino

LOS TEÓLOGOS HABLAN DEL PAPA FRANCISCO SIN SONROJARSE Y SIN RUPTURA



SOBRE EL PAPA FRANCISCO

|

El nuevo obispo de Roma, el papa Francisco, es un hombre sorprendente, que cada día sorprende más. Dentro y fuera de la Iglesia. Lo que más llama la atención, en este hombre, es su forma de ejercer su cargo (el de Papa), y su forma de vivir (tan profundamente humana).
Francisco dice con frecuencia que tenemos que volver a Jesús. Y en los evangelios vemos que para Jesús lo importante no era la religión, ni sus cultos, ni sus ritos, ni sus dirigentes, ni sus dogmas, ni sus normas. Sus tres grandes preocupaciones fueron la salud de los enfermos, la comida de los pobres, aliviar los problemas de los que sufren y las relaciones humanas. Y para dejar patente que eso es lo primero, desobedeció constantemente a los sacerdotes, a los maestros de la ley y a los observantes religiosos. Por eso lo mataron.
Por eso, lo que tiene que distinguir a los creyentes en Jesús no son sus creencias, ni sus prácticas religiosas, sino su forma de vivir. Y esta nueva forma evangélica de situarse en la Iglesia  es lo que más sorprende de Francisco.
Francisco está cambiando el papado. Lo está transformando más de lo que muchos se imaginan. Y con el papado, está transformado también a la Iglesia. Lo sagrado y lo ritual pierden fuerza. Y crece en importancia lo humano, la cercanía a la gente, la sencillez, la normalidad de la vida. Nace así un estilo nuevo de ejercer la autoridad en la Iglesia. Pierde importancia en ella la religión. Y gana presencia el Evangelio.
Además, estamos viendo que este hombre es más fuerte y tiene más personalidad de lo que muchos decían. Una personalidad original, que no le ha llevado a subir, sino a bajar. No para alejarse de los últimos, sino para acercarse a ellos. El nuevo camino de la Iglesia está trazado.
Ya no son intocables determinados problemas morales que lo eran. ¿Se apela ahora, con la misma seguridad que antes del Sínodo, a la llamada "Ley Natural"? ¿Sigue siendo un tabú lo de la homosexualidad? ¿Alguien se atreve a decir que la Iglesia nunca podrá permitir que los sacerdotes se casen? ¿Es tan impensable, como antes, la posibilidad de que las mujeres lleguen a recibir el sacramento del Orden? ¿No es verdad que la familia tiene hoy problemas mucho más graves y apremiantes que los que se plantean en los confesionarios y en las sacristías?
Si ahora nos hacemos estas preguntas - y otras similares -, esto nos viene a decir que en la Iglesia, sin que nos hayamos dado cuenta, algo importante ha cambiado, Algo, o quizás mucho, en temas mucho más serios de lo que imaginamos.
Francisco está cambiando la forma de ejercer el poder El poder que prohíbe, impone, amenaza y castiga. El "poder represivo" está ausente en Francisco. El está optando por un "poder seductor" que no condena, no castiga, no se enfrenta al sujeto, sino que le da facilidades, es amable y responde a lo que necesita la gente. Y esto justamente es lo que el mundo está percibiendo en el papa Francisco. Lo que las multitudes de Galilea percibían en Jesús de Nazaret, cuando Jesús andaba por el mundo.

José María Castillo

viernes, 31 de octubre de 2014

OS QUIERO




A los compañeros de camino unidos por el empeño de blanquear nuestras vestiduras (Ap. 7,14)
Os quiero alegres, sí, felices, superando las frustraciones, no permitiéndonos caer  en el escapismo, no sustituyendo la gran tribulación por decorados de  halloveem que, dejan el día siguiente, llenas de basura las calles y la vida.
Sí, os quiero alegres, os quiero felices, viviendo la vida a tope, convencidos de que cada ocasión es única para vivirla en profundidad y, si la desperdiciamos, estamos optando por la superficialidad, por un mundo chiquito, por la mediocridad, y no os quiero mediocres.
Os quiero alegres, felices, incluso en vuestras lágrimas. Os quiero sin avergonzaros de ellas. Os quiero permitiendo que otros se solidaricen con ustedes a través de las suyas.
Os quiero, cuando digo felices hasta en vuestras lágrimas, no masoquistas, sino que vuestro llanto nazca de la vida y por la vida, y no sea un artilugio para despertar lástima o conseguir objetivos preestablecidos.
Os quiero frontales. Os quiero mirar a los ojos y que, de igual manera, me miréis. Que si bajamos la mirada o cerramos los ojos no sea huida  sino deseo de guardar en nuestra profundidad esa experiencia de comunión.
Os quero capaces de levantaros, capaces del re-encuentro, del re-comenzar, de NO re-nunciar al futuro, capaces de re-primir el ego que anula la alteridad.
Os quiero niños de imaginación, jóvenes de ilusiones, adultos de fortaleza y potencia engendradora de vida, maduros de experiencia y tercera edad de plenitud desde la concepción de lo que me falta.
Si, os quiero así, ni más ni menos, porque os quiero santos, porque os quiero compañeros en mi aspiración a la santidad.
Y creo que Dios es algo así y bastante más
Y esto hay que celebrarlo.
Porque, en resumen, os quiero
José Luis Molina
                                                           En la fiesta de Todos los Santos

miércoles, 29 de octubre de 2014