martes, 11 de febrero de 2014

CARTA A FRANCISCO DE PARTE DE PAGOLA

     Carta al papa Francisco
 Carta escrita por el P. José Antonio Pagola,                                                                              sacerdote y teólogo.

“Casi sin darnos cuenta, estás introduciendo en el mundo la Buena Noticia de Jesús. Estás creando en la Iglesia un clima nuevo, más evangélico y más humano. Nos estás aportando el Espíritu de Cristo…”.

Querido hermano Francisco:

Desde que fuiste elegido para ser la humilde “Roca” sobre la que Jesús quiere seguir construyendo hoy su Iglesia, he seguido con atención tus palabras. Ahora, acabo de llegar de Roma, donde te he podido ver abrazando a los niños, bendiciendo a enfermos y desvalidos y saludando a la muchedumbre.

Dicen que eres cercano, sencillo, humilde, simpático… y no sé cuántas cosas más. Pienso que hay en ti algo más, mucho más. Pude ver la Plaza de San Pedro y la Via della Conciliazione llena de gentes entusiasmadas. No creo que esa muchedumbre se sienta atraída solo por tu sencillez y simpatía. En pocos meses te has convertido en una “buena noticia” para la Iglesia e, incluso, más allá de la Iglesia. ¿Por qué?

Casi sin darnos cuenta, estás introduciendo en el mundo la Buena Noticia de Jesús. Estás creando en la Iglesia un clima nuevo, más evangélico y más humano. Nos estás aportando el Espíritu de Cristo. Personas alejadas de la fe cristiana me dicen que les ayudas a confiar más en la vida y en la bondad del ser humano. Algunos que viven sin caminos hacia Dios me confiesan que se ha despertado en su interior una pequeña luz que les invita a revisar su actitud ante el Misterio último de la existencia.


Yo sé que en la Iglesia necesitamos reformas muy profundas para corregir desviaciones alimentadas durante muchos siglos, pero estos últimos años                             ha ido creciendo en mí una convicción. Para que esas reformas se puedan llevar a cabo, necesitamos previamente una conversión a un nivel más profundo y radical. Necesitamos, sencillamente, volver a Jesús, enraizar nuestro cristianismo con más verdad y más fidelidad en su persona, su mensaje y su proyecto del Reino de Dios. Por eso, quiero expresarte qué es lo que más me atrae de tu servicio como Obispo de Roma en estos inicios de tu tarea.

Yo te agradezco que abraces a los niños y los estreches contra tu pecho. Nos estás ayudando a recuperar aquel gesto profético de Jesús, tan olvidado en la Iglesia, pero tan importante para entender lo que esperaba de sus seguidores. Según el relato evangélico, Jesús llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me está acogiendo a mí”.

Se nos había olvidado que en el centro de la Iglesia, atrayendo la atención de todos, han de estar siempre los pequeños, los más frágiles y vulnerables. Es importante que estés entre nosotros como “Roca” sobre la que Jesús construye su Iglesia, pero es tan importante o más que estés en medio de nosotros abrazando a los pequeños y bendiciendo a los enfermos y desvalidos, para recordarnos cómo acoger a Jesús. Este gesto profético me parece decisivo en estos momentos en que el mundo corre el riesgo de deshumanizarse desentendiéndose de los últimos.

Yo te agradezco que nos llames de forma tan reiterada a salir de la Iglesia para entrar en la vida donde la gente sufre y goza, lucha y trabaja: ese mundo donde Dios quiere construir una convivencia más humana, justa y solidaria. Creo que la herejía más grave y sutil que ha penetrado en el cristianismo es haber hecho de la Iglesia el centro de todo, desplazando del horizonte el proyecto del Reino de Dios.

Juan Pablo II nos recordó que la Iglesia no es el fin de sí misma, sino solamente “germen, signo e instrumento del Reino de Dios”, pero sus palabras se perdieron entre otros muchos discursos. Ahora se despierta en mí una alegría grande cuando nos llamas a salir de la “auto referencialidad” para caminar hacia las “periferias existenciales”, donde nos encontramos con los pobres, las víctimas, los enfermos, los desgraciados…

Disfruto subrayando tus palabras: “Hemos de construir puentes, no muros para defender la fe”; necesitamos “una Iglesia de puertas abiertas, no de controladores de la fe”; “la Iglesia no crece con el proselitismo, sino por la atracción, el testimonio y la predicación”. Me parece escuchar la voz de Jesús que, desde el Vaticano, nos urge: “Id y anunciar que el Reino de Dios está cerca”, “id y curad a los enfermos”, “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.

Te agradezco también tus llamadas constantes a convertirnos al Evangelio.      Qué bien conoces a la Iglesia. Me sorprende tu libertad para poner nombre a nuestros pecados. No lo haces con lenguaje de moralista, sino con fuerza evangélica: las envidias, el afán de hacer carrera y el deseo de dinero; “la desinformación, la difamación y la calumnia”; la arrogancia y la hipocresía clerical; la “mundanidad espiritual” y la “burguesía del espíritu”; los “cristianos de salón”, los “creyentes de museo”, los cristianos con “cara de funeral”. Te preocupa mucho “una sal sin sabor”, “una sal que no sabe a nada”, y nos llamas a ser discípulos que aprenden a vivir con el estilo de Jesús.

No nos llamas solo a una conversión individual. Nos urges a una renovación eclesial, estructural. No estamos acostumbrados a escuchar ese lenguaje. Sordos a la llamada renovadora del Vaticano II, se nos ha olvidado que Jesús invitaba a sus seguidores a “poner el vino nuevo en odres nuevos”. Por eso, me llena de esperanza tu homilía de la fiesta de Pentecostés: “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades y gustos… Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos”.

Por eso nos pides que nos preguntemos sinceramente: “¿Estamos abiertos a las sorpresas de Dios o nos encerramos con miedo a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?”. Tu mensaje y tu espíritu están anunciando un futuro nuevo para la Iglesia.

Quiero acabar estas líneas expresándote humildemente un deseo.                                         Tal vez no podrás hacer grandes reformas, pero puedes impulsar la renovación evangélica en toda la Iglesia. Seguramente, puedes tomar las medidas oportunas para que los futuros obispos de las diócesis del mundo entero tengan un perfil y un estilo pastoral capaz de promover esa conversión a Jesús que tú tratas de alentar desde Roma.

Francisco, eres un regalo de Dios. ¡Gracias!


     














domingo, 9 de febrero de 2014

SALIR A LAS PERIFERIAS

Salir a las periferias

Publicado: 5 febrero, 2014 en BIBLIA
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Vaqueros5 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 13-16
SALIR A LAS PERIFERIAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 05/02/14.- Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.
“Vosotros sois la sal de la tierra”. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.
“Vosotros sois la luz del mundo”. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.
Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.
El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.
El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.
La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.


NB.- Cuelgo este artículo de Pagola y sus referencias al Papa Francisco de "salir a las periferias"  porque me parece interesante pero sumamente desubicado en el momento presente, aunque no por ello deja de ser imprescindible, justo y necesario. Desubicado porque se oirá, incluso podrá parecer interesante que, al fin, un papa diga esas cosas pero,congratulándonos, pasaremos la página con la conciencia un poco más tranquila, un poco más dormida, para seguir igual.


"Salir a las periferias" La iglesia instalada, que opta por seguridades, dogmas que den seguridades y no dejen resquicios de riesgos, a fuerza de su falta de fe y confianza en Dios, ni lo aceptará ni lo aplicará, pero sí lo combatirá. Anatematizará lo que eso significa como "obra del maligno" que lo que quiere es acabar con la Iglesia, con el poder de la Iglesia, con una iglesia poderosa, sin querer admitir que ese terminar con el cesaropapismo es obra del Espíritu.
Pero los "modernos", los "cristianos modernos", los que desertaron de sus compromisos porque la Iglesia no daba respuesta, y desencantados se fueron a tomar el sol y, ya que estaban al sol, descubrieron que les gustaba tomarse una cervecita, si era posible en el malecón de una playa, etc, tampoco lo aceptarán. Los domingos se han hecho para descansar, eso de para los demás, eran soflamas por las que se dejaron emborrachar en los locos años de juventud. Además, desconfiarán de que el Papa vaya, o quiera ir a ninguna parte, al final ocurrirá lo de siempre, ...  
Total que sí, que está muy bien salir a las periferias,..
Pues efectivamente, está muy bien, y hay que decirlo, y, hoy por hoy, será pilar para la esperanza.
Y, ¡qué bueno si sigue habiendo personas que lo acepten! ¡Se podrán seguir proclamando las Bienaventuranzas!
José Luis Molina

miércoles, 22 de enero de 2014

POR LA VEREDA VERDE

Pensando en personas trascendentes.
Viviendo la trascendencia de esas personas.
Asumiendo la Trascendencia en mi persona.

Por la vereda verde
los limoneros verdes,
de encendidos limones
cargados y exultantes,
pintan de verde el aire,
aire de verde limón.


Han dejado el aroma
de azahares fecundos
flotando en el ambiente
como sombra impalpable
de una presencia suma.


Y mi alma rezuma,
en la vereda verde
de mi otoño, de pinceladas 
verdes y ocres confundidas, 
el perfume de un sueño,
la sonrisa atrevida 
de una mirada franca,
y la decisión firme
de opción por mi vereda
que serpentea libre,
perfumada de azahares,
por la orilla del río,
de ese río que eres tú.


José Luis Molina


jueves, 16 de enero de 2014

NO PERDER LAS BUENAS COSTUMBRES

Hace mucho tiempo que no aparece en nuestro blog alguna frase que nos ayude a pensar. Y no es bueno dejarlo. Por eso ahí van unas cuantas, unas más serías, otras menos, pero todas, creo interesantes. Espero les ayude. Y si quieren compartir lo que les suscite, gracias.






miércoles, 15 de enero de 2014

JAVIER MARÍAS

Madrid, 20 de septiembre de 1951. Escritor, traductor y editor español, miembro de la Real academia de la Lengua, sillón R.
Hijo del filósofo Julián Marías y de la escritora Dolores Franco Manera.
Ha impartido clases en varias universidades extranjeras como la de Oxford.
Algunas de sus obras: Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mi, Negra espalda del tiempo, etc.


En 2012, Marías fue galardonado con el Premio Nacional de Narrativa español. Este galardón lo concede el Ministerio de Cultura de ese país. Marías rechazó el premio y aseguró que agradecía "la gentileza del jurado" y que esperaba que no se tomara su postura "como un feo":
Estoy siendo coherente con lo que siempre he dicho, que nunca recibiría un premio institucional. Si hubiera estado el PSOE en el poder hubiera hecho lo mismo... He rechazado toda remuneración que procediera del erario público. He dicho en no pocas ocasiones que en el caso de que se me concediera no podría aceptar premio alguno.23
Javier Marías, octubre de 2012

 Sus obras han sido traducidas a 40 idiomas y publicadas en 50 países.21 El prestigioso sello inglés Penguin ha decidido incorporar siete libros de Marías —cinco novelas, un libro de relatos y otro de ensayos— a su colección de Modern Classics (el acuerdo correspodiente se cerró en la Feria del Libro de Fráncfort 2011), con lo que este novelista pasa a ser el sexto escritor en lengua española incluido en ese selecto club después de Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda y Octavio Paz.21

LA BARAJA ROTA

Me parece interesante, en estos momentos en que en España, a pesar de la lamentable y crítica situación que se vive, impera, al menos esa es mi impresión, la postura quemeimportista, pasota, de inhibición, de queja (que no de protesta) o a lo sumo de protesta no comprometida, esperando sean otros quienes se pringuen y arriesguen, pero no de intentar modificar esquemas y posicionamientos, etc, me parece interesante, repito, el siguiente artículo de Javier Marías con el deseo de que contribuya a despertar nuestra conciencia, nuestro descontento existencial y a buscar caminos que obstaculicen los derroteros políticos, sociales y éticos por los que se camina en este país y que al menos en las votaciones (falaz ilusión de lo que llamamos democracia) se sea responsable y consciente de que luego hay que asumir lo que entre todos hacemos posible.
Julio Anguita decía más o menos (no cito literalmente) que si bien hay políticos corruptos, deshonestos, etc, los políticos salen de la misma población que hace posible su existencia.

José Luis Molina  


La baraja rota                                                                                       por Javier Marías

Yo ya no sé si, entre el grueso de la población, muchos se acuerdan de cómo nos regimos, ni de por qué. Cuando se decide convivir en comunidad y en paz, se produce, tácitamente o no, lo que suele conocerse como “contrato o pacto social”. No es cuestión de remontarse aquí a Hobbes ni a Locke ni a Rousseau, menos aún a los sofistas griegos. Se trata de ver y recordar a qué hemos renunciado voluntariamente cada uno, y a cambio de qué. Los ciudadanos deponen parte de su libertad de acción individual; abjuran de la ley del más fuerte, que nos llevaría a miniguerras constantes y particulares, o incluso colectivas; se abstienen de la acumulación indiscriminada de bienes basada en el mero poder de adquirirlos y en el abuso de éste; evitan el monopolio y el oligopolio; se dotan de leyes que ponen límites a las ansias de riqueza de unos pocos que empobrecen al conjunto y ahondan las desigualdades. Se comprometen a una serie de deberes, a refrenarse, a no avasallar, a respetar a las minorías y a los más desafortunados. Se desprenden de buena parte de sus ganancias legítimas y la entregan, en forma de impuestos, al Estado, representado transitoriamente por cada Gobierno elegido (hablamos, claro está, de regímenes democráticos). Por supuesto, dejan de lado su afán de venganza y depositan en los jueces la tarea de impartir justicia, de castigar los crímenes y delitos del tipo que sean: los asesinatos y las violaciones, pero también las estafas, el latrocinio, la malversación del dinero público e incluso el despilfarro injustificado.
A cambio de todo esto, a cambio de organizarse delegando en el Estado –es decir, en el Gobierno de turno–, éste se compromete a otorgar a los ciudadanos una serie de libertades y derechos, protección y justicia. Más concretamente, en nuestros tiempos y sociedades, educación y sanidad públicas, Ejército y policía públicos, jueces imparciales e independientes del poder político, libertad de opinión, de expresión y de prensa, libertad religiosa (también para ser ateo). Nuestro Estado 

acuerda no ser totalitario ni despótico, no intervenir en todos los órdenes y aspectos ni regularlos todos, no inmiscuirse en la vida privada de las personas ni en sus decisiones; pero también –es un equilibrio delicado– poner barreras a la capacidad de dominación de los más ricos y fuertes, impedir que el poder efectivo se concentre en unas pocas manos, o que quien posee un imperio mediático sea también Primer Ministro, como ha sucedido durante años con Berlusconi en Italia. Son sólo unos pocos ejemplos.

Lo cierto es que nuestro actual Gobierno del PP y de Rajoy, en sólo dos años, ha hecho trizas el contrato social. Si se privatizan la sanidad y la educación (con escaso disimulo), y resulta que el dinero destinado por la población a eso no va a parar a eso, sino que ésta debe pagar dos o tres veces sus tratamientos y medicinas, así como abonar unas tasas universitarias prohibitivas; si se tiende a privatizar el Ejército y la policía, y nos van a poder detener vigilantes de empresas privadas que no obedecerán al Gobierno, sino a sus jefes; si el Estado obliga a dar a luz a una criatura con malformaciones tan graves que la condenarán a una existencia de sufrimiento y de costosísima asistencia médica permanente, pero al mismo tiempo se desentiende de esa criatura en cuanto haya nacido (la “ayuda a los dependientes” se acabó con la llegada de Rajoy y Montoro); es decir, va a “proteger” al feto pero no al niño ni al adulto en que aquél se convertirá con el tiempo; si las carreteras están abandonadas; si se suben los impuestos sin cesar, directos e indirectos, y los salarios se congelan o bajan; si los bancos rescatados con el dinero de todos niegan los créditos a las pequeñas y medianas empresas; si además la Fiscalía Anticorrupción debería cambiar de una vez su nombre y llamarse Procorrupción, y los fiscales y jueces obedecen cada día más a los gobernantes, y no hay casi corrupto ni ladrón político castigado; si se nos coarta el derecho a la protesta y la crítica y se nos multa demencialmente por ejercerlo …
                                  Desobediencia civil.- Oswaldo Guayasamín

Llega un momento en el que no queda razón alguna para que los ciudadanos sigamos cumpliendo nuestra parte del pacto o contrato. Si el Estado es “adelgazado” –esto es, privatizado–, ¿por qué he de pagarle un sueldo al Presidente del Gobierno, y de ahí para abajo? ¿Por qué he de obedecer a unos vigilantes privados con los que yo no he firmado acuerdo? ¿Por qué unos soldados mercenarios habrían de acatar órdenes del Rey, máximo jefe del Ejército? ¿Por qué he de pagar impuestos a quien ha incumplido su parte del trato y no me proporciona, a cambio de ellos, ni sanidad ni educación ni investigación ni cultura ni seguridad directa ni carreteras en buen estado ni justicia justa, que son el motivo por el que se los he entregado? ¿Por qué este Gobierno delega o vende sus competencias al sector privado y a la vez me pone mil trabas para crear una empresa? ¿Por qué me prohíbe cada vez más cosas, si es “liberal”, según proclama? ¿Por qué me aumenta los impuestos a voluntad, si desiste de sus obligaciones? ¿Por qué cercena mis derechos e incrementa mis deberes, si tiene como política hacer continua dejación de sus funciones? ¿Por qué pretende ser “Estado” si lo que quiere es cargárselo? Hemos llegado a un punto en el que la “desobediencia civil” (otro viejo concepto que demasiados ignoran, quizá habrá que hablar de él otro día) está justificada. Si este Gobierno ha roto el contrato social, y la baraja, los ciudadanos no tenemos por qué respetarlo, ni que intentar seguir jugando.
Fin

martes, 14 de enero de 2014

CONVIVENCIA 2014




Intiruna tiene establecido, en su programación, tener  la celebración de una convivencia anual de todos los grupos de fe en torno a algún tema que nos sirva para reflexionar, profundizar, etc, tema que normalmente sale propuesto desde las propias bases.
Esta convivencia se celebró el pasado domingo día 12, desde las 10 am hasta las 8 pm. Y la temática elegida fue en torno a la figura del Papa Francisco. 

No se pretendía insistir en anécdotas del personaje, de las que hay abundancia en todos los medios.
El lema de la Convivencia era: FRANCISCO: Un nombre para un hombre. Un hombre para la esperanza. Una esperanza para el futuro.
Se pretendia, desde lo que está suponiendo para la Iglesia este Papa, como situarnos nosotros comprometidamente como miembros de la Iglesia desde un sentido de responsabilidad compartiday de corresponsabilidad asumida.

Se comenzó, despues de una breve oración de inicio, enfrentándonos a la realidad eclesial en el periodo desde el Concilio Vaticano II hasta la elección del Papa Francisco. Luego, desde los gestos, palabras y posturas de este hombre, frente a la realidad eclesial que encontró, que nos toca asumir a nosotros como miembros de la Iglesia.


Fue bonita la participación y el desarrollo de la convivencia. También el rato en el que compartimos la comida.
Terminamos con la celebración de la Eucaristía en la que se recogía lo trabajado en la jornada