martes, 6 de enero de 2015

ME MOLA LO DE LA CUEVA



ME MOLA LO DE LA CUEVASin pared por medioMAGDALENA BENNÁSAR OLIVER, espiritualidadcym@gmail.comMALLORCA.
ECLESALIA, 30/12/14.- Hoy se habla mucho de repensar el cristianismo, yo lo apoyo por obvias razones y me atrevo a proponer especialmente en estas fechas “resentir el cristianismo”.
He sido invitada por dentro a dejar por unos días el gorrito occidental y a abrir de par en par el alma a la desnudez de los textos que acompañan las celebraciones que la comunidad cristiana revivimos estos días.
Si nos predisponemos a sentir, a sentir con las entrañas tal vez todo resulte menos frío, porque al final la liturgia tiene sentido si está la vivencia. Sin la vivencia la liturgia es un ritual que puede decir algo o no. Parece que dice poco a mucha gente y mi reflexión es que se intenta caldear con emotivos villancicos la ausencia de experiencia de cueva.
Muchos cristianos nos encontramos atrapados en la preparación de encuentros familiares que al final es lo que le da calor, no siempre amoroso, a las celebraciones, y el significado de lo que el año litúrgico nos recuerda en estas fechas se queda absorbido por las obligaciones familiares.
¿Contradicción? No me atrevo a afirmarlo porque evidentemente donde hay amor ahí está Dios y es Navidad y todo eso, pero los más comprometidos y comprometidas esos días están ausentes de las comunidades y sus momentos fuertes para la vida porque “vienen todos a cenar, a comer…”
Al final, se pasan las celebraciones, y con ellas la invitación de los textos sagrados a “sentir y vivir” la experiencia de Navidad. La densidad de cada palabra, de cada verbo-acción, de cada personaje y objeto, sin una buena Lectio imposible que transforme la fibra íntima de la comunidad que lo celebra. Sólo me atrevo a invitaros a madrugar un poco antes de que toda la maquinaria de desayunos… se ponga en marcha, y en el silencio de tu casa, sea la hora que sea, te sientes con el niño entre tus brazos y “le sientas”. Y también “le dejes que te hable a ti” si consigues dejar tu repetitivo murmullo de siempre para acoger la Vida que se comunica no sólo por la Palabra, sino también y sobre todo cuando esa Palabra se hace carne. La que tienes en el regazo de tu corazón, caldeando tu alma, en el silencio de tu hogar, un día cualquiera o quizás, si le coges el gustillo, todos los días de tu vida.
Yo me atrevo a hacerlo, y hoy de nuevo, como esos días pasados me habla de la cueva. Me insiste Jesús en que me detenga a escuchar-sentir, el significado de la cueva, para mi vida y la de la comunidad cristiana, y la de la familia.
La cueva no es un fin en sí mismo, es un fin de trayecto, es una etapa. Etapa imprescindible para comprender la encarnación. Es decir, el cristianismo no pasa de ser una buena ideología si no baja de la cabeza a las entrañas de la vivencia. La cueva es algo así como las entrañas de la humanidad, donde se siente la vida, porque es un espacio natural, sin cemento ni ladrillos, sin paredes medianeras, abierto.
La cueva es una apertura natural en la roca dura de la vida. La cueva es espacio para refugio, de la lluvia, la ley, el desahucio y el frío.
La cueva está dentro de nosotros y fuera. Dentro, es ese lugar marginal de mi ser que no me gusta, porque es oscuro, frío, no visitado porque me da miedo entrar…y a la vez es ese lugar de noche, sin luz artificial, que intimida asomarse porque no sabes qué o quién puedes encontrarte. Tal vez personas que me miran con recelo o con cariño… y es un buen momento de soltar las amarras, tirar las paredes que nos han separado o dividido. No sé, según como se ponga el crío igual nos vamos corriendo a poner el café, te sugiero que no, que te lo tomes antes y no te pierdas el final, como en la tele, que al poner anuncios te vas a la cama. Los anuncios son un respiro para que podamos seguir hasta el final. Los anuncios no son distracciones simplemente nos ponen en contacto con la realidad. Es verdad que hay que hacer muchas cosas, pero sólo una es importante ahora, aclarar esa mirada, discernir ese miedo, desempolvar ese recuerdo, con el crío en el regazo eso sí.
La cueva es esa apertura natural de la naturaleza que acoge y abriga y que Francisco de Asís en su vivencia de la Navidad nos la llena de naturaleza: animales, vegetación, riachuelos…todo expectante, todo en su estado puro: la nueva creación para el “hombrecito nuevo” que en la cueva encontramos. La nueva creación, pues la que nos dieron hace casi 14 billones de años y que se ha venido haciendo, milagrosamente, célula a célula, molécula a molécula…esa la estamos destruyendo, porque los hombres y las mujeres tenemos miedo a la cueva, a las entrañas de la vida, de la historia y de Dios, porque la cueva contiene a Dios hecho carne, como el seno materno contiene el niño que será.
En la de dentro, si logro dejar miedos y me asomo, me descubro habitada por el Amor. Ese crío sonriente y que cambia de color y facciones según donde el conflicto sea mayor, tanto si es con personas de mi familia, de mi comunidad parroquial o religiosa… como si es conflicto entre naciones que dejan sembradas de “cuevas de refugiados” la geografía de muchas zonas, lindantes con la cueva que él eligió. Tal vez por ello.
Dos cositas más sobre la cueva y me callo. Una que para entrar “hay que agacharse”. Je, je, sí, sí, en España estamos viendo como los más altos hoy son agachados por la ley, pues Jesús nos dice, también vosotros y vosotras, sí, sí, los que hacéis agachar a los corruptos… os tenéis que agachar por dentro para que disfrutéis de lo que tanto necesitáis: vida-amor. ¡Ay de los que no sabemos agacharnos, o de los que ponemos excusas de rodillas… nos perdemos el Tesoro!
Y por último, y no por ello menos importante, la cueva no contiene paredes medianeras, es espacio abierto. Fijaos en el lío que nos mete el “rojito de Jesús” se carga el sentido de posesión egoísta de propiedad que no usamos y que otros necesitan… ay, ay,ay, como no se calle el crío… mejor me voy a los recados. Es que no se calla. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Un gran abrazo navideño, sonriente y “a lo cueva”.

sábado, 3 de enero de 2015

ULTRAS

Éste se me iba escapando. Gracias Miguel por redireccionarme. Aunque sea volver a González Faus en nada de tiempo, creo que merece la pena. No obstante sospecho que a algunos o, a bastantes tal vez, no les guste. Ellos se lo pierden. Porque lo que este artículo ofrece es la posibilidad de reencuentro con dimensiones esnciales nuestras.Posiblemente lo rechacen quienes más lo necesiten, pero así es la vida. De todas maneras, escrito está y no debemos ocultarlo debajo de un celemín. Además nunca se sabe a quien puede venirle bien. Yo deseo que seas tú uno de ellos
José Luis Molina

Ultras

02.01.15 | 09:33. Archivado en Etica, Política
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Es conocida la ironía del obispo Helder Camara: si doy de comer a los pobres me llaman santo; si pregunto por qué hay pobres me llaman comunista. Parecida al siguiente diálogo amargo del Roto: “-Piden decencia, igualdad y justicia…-¡Extremistas!”. Parecida también a las acusaciones que provoca Podemos: “populistas, antisistema”…
No hace falta ser Freud para comprender que esas reacciones agresivas revelan un afán inconsciente de autodefensa. Hoy quisiera analizar un poco más esa acusación, porque pocos parecen dispuestos a ello.
Escribí hace años que los terroristas eran como “hijos naturales” nuestros. Los hemos ido engendrando inconsciente e irresponsablemente mientras construíamos una sociedad sin valores y sin más meta que el consumo.
Ya no vivimos para nada: ni para el “amar y servir a Dios” del catecismo, ni para el progreso y la sociedad mejor de la Modernidad. Vivimos para pasar el tiempo consumiendo. Mientras nos dediquemos en cuerpo y alma a consumir, la economía marchará bien,… y podremos seguir consumiendo. Hemos creado también una cultura servidora de ese objetivo económico. Antaño se decía que la filosofía era “servidora de la teología” (ancilla theologiae).Hoy debemos decir que la cultura es servidora de la economía. Por este camino, una vez muerto Dios, se está cumpliendo la otra profecía de Nietzsche: o construimos el superhombre o seremos “los últimos hombres”. Y es claro que el superhombre no lo hemos construido.
A la larga, en esa sociedad sin metas, han de aparecer grupos de insatisfechos que buscan una causa para la que vivir; y esa causa se convierte en caldo de cultivo de mil fundamentalismos. Nuestros medios de comunicación han constatado con sorpresa que entre los locos del califato islámico había bastantes europeos y hasta norteamericanos (dos mil franceses es la única cifra que recuerdo). Pero se abstienen de preguntar por la causa de ese extraño fenómeno. Y la causa me parece ser ésta: con todas sus locuras el EI ofrece una razón para la que vivir y por la que luchar. Razón ciega y desesperada, por supuesto. Pero que puede ser suficiente para quien no tiene otra. Incluso les permite sentirse superiores a nosotros porque ellos viven para algo mientras que nosotros no vivimos para nada.
Los humanos llevamos dentro unas dosis de agresividad que la civilización debería canalizar y sublimar (como también llevamos dentro otras pulsiones (sexual, de autoestima…), que la sociedad debería orientar. Cuando esa reconstrucción de nuestra agresividad no se produce, aparecen los ultras y los violentos. Y aquí los tenemos. El día en que comienzo a redactar esta página, nuestra sociedad está traumatizada por la muerte y los heridos de una pelea imbécil entre hinchas del Atlético de Madrid y del Depor. Nobles palabras de condena; pero el partido se juega a pesar de todo (“¡total por un muerto! Sería peor no jugarlo”… Como dejar al drogata sin la droga). Y se subraya que es “un caso aislado”, olvidando todo el rosario del hincha de la Real muerto en Madrid, o aquel niño de 13 que iba por primera vez al campo del Español… Evitaremos decir que el futbol se ha convertido en una forma de consumo que sustituye la falta de razones para vivir mediante la idolatría del propio equipo.
Los medios de comunicación (radios sobre todo) tienen parte de culpa en ello por la forma ridícula como cantan los goles, ridícula y desaforada y más entusiastamente devota que el Trisagio. O por el calentamiento previo con invocaciones al “partido del siglo” (que hay uno cada domingo), como forma de ganar oyentes a los que comerán el coco esos anuncios que fomentan el consumo y dan pingües ingresos a esos medios… La idolatría del fútbol tiene sus liturgias y sus actos de culto bien establecidos. Aljibes agrietados (diría el profeta Jeremías) que intentan humedecer sin éxito nuestra sequía de valores.
Es innegable que toda religiosidad (por sus exigencias de totalidad en la entrega) lleva dentro un germen de violencia que ella misma debe reorientar: en esa sublimación se juegan su valor todas las religiones. Pero cuando la religiosidad es idólatra (como la futbolatría para clases medias y el dinero para los millonarios), el peligro de esos monoteísmos del dinero y demás, se vuelve mucho más grave: porque esas idolatrías no contienen elementos para templar y sublimar nuestras agresividades.
Ya hace años que Freud habló del “malestar en la cultura”: la civilización exige autocontrol y sacrificio. Y como hoy todo lo que suene a sacrificio es despachado como “masoquismo cristiano”, hemos procurado eliminar el malestar y nos hemos quedado sin cultura y sin eliminar el malestar, que reaparece en formas de crisis económicas, de leyes monstruosas de reforma laboral y de desmontes tácitos del estado social… Y es que el malestar de Freud aludía simplemente al respeto. Al pretender eliminarlo hemos llegado a una sociedad sin respeto, que es un eufemismo para una sociedad sin civilización. Aquí estamos.
Y perdonen si les digo que eso no tiene solución más que metiendo en veredas nuestra economía. Porque a eso no estamos dispuestos: ya hay un periódico que va recomendando poner nuestros dineros en el extranjero para el día en que Podemos gane las elecciones. El problema es que antes hemos puesto en el extranjero nuestro corazón…
                                           José Ignacio González Faus

viernes, 2 de enero de 2015

¿UN ANTI-PAPA?

01.01.15 |
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Este Papa no parece Papa. ¿Qué es? Muchos son los confundidos. Desde temprano sus comportamientos fueron desconcertantes. Salían de protocolo.
Francisco es sencillo. Es cercano. Saluda de beso. Da la impresión de desconocer su investidura. ¿Quién es?
Es un sacerdote que vulnera la distancia entre lo sagrado y lo profano. ¿Pero no es este el quicio de la religión? Para unos sí. Para otros no. Los cristianos se miran de reojo. ¿Qué esto? Es un Papa con una manera muy peculiar de entender el sacerdocio. En vez de marcar distancia, superioridad, se avecina, está siempre más cerca. ¿Y lo sagrado qué? ¿Terminará con los cálices de oro y el incienso ceremonial? Nadie se extrañe si lo hace. Como si con gestos muy pensados quisiera indicar por dónde van las cosas. Y por dónde no.
¿Está apurado? ¿Qué le pasa?
Bergoglio es un gobernante, un monarca, pero se comporta como un profeta. Extraño. Normalmente los profetas andan en las periferias refunfuñando contra los dirigentes, los presidentes, cualquier tipo de autoridad. Es cosa de tomar la biblia y ver sus comportamientos. Los profetas eran temidos por los grandes. Elías prometió a Ajab que los perros se comerían a sus hijos. El rey, de puro miedo, hizo penitencia por su pecado. Herodes le tenía pavor a Juan Bautista. Los profetas podían ser incluso muy impopulares. También la gente común solía esquivarlos.
El profeta al tirano le dice “tirano”. Habla más de la cuenta. Se le pasa la mano. Exagera. Remueve las conciencias. Es odioso, insoportable. Suele terminar mal. No así el falso profeta. Así se lo llama en el Antiguo Testamento. Dice “paz, paz”, cuando es necesario decir “guerra”. Adulador del príncipe. Amigo de cortesanos.
Pero Francisco es un profeta en el puesto de un papa. Todo al revés. ¿En qué terminará esta historia? Hay inquietud. ¡Qué hace un profeta de rey! Los obispos y otras autoridades siempre han debido aguantar a grandes y pequeños profetas que de tanto en tanto les están arrojando piedrecitas o peñascos. Ahora es el mismo Papa que les tira las orejas a ellos y a plena luz del día. Basta leer el Observatorio Romano. A cada rato Bergoglio lanza un dardo en contra de los curas o de los mismos obispos. Ahora último le ofreció un examen de conciencia en público a la Curia romana. ¿Cómo es posible gobernar así? La Curia puede perder la paciencia de un momento a otro. Si el Papa no frena a los profetas, ¿quién lo hará? Si el Papa aleona a los profetas, ¿quién frena a la Papa? En todas partes de la Iglesia el espíritu profético está en auge.
En una homilía Francisco arremetió contra los sacerdotes que ponen precio a los sacramentos. Un bautizo, tanto. Un matrimonio, tanto. “¡No puede ser!”, brama el Papa. Pero, ¿de qué van a vivir los curas?, dice la gente común. Al Papa le importa un bledo herir a inocentes y pecadores. A él le parece que esta situación contradice el Evangelio, y basta. El Papa-profeta enrostra a los funcionarios eclesiásticos su avidez por el dinero. A la gente le duele que se le niegue un sacramento, una bendición, por motivo de dinero. El Profeta-Papa golpeó la mesa. Al que le gusta, le gusta. Él está en línea con la praxis profética de Jesús. Nadie alegue. Todo calza.
Sin embargo, Francisco ha metido los dedos en el ventilador. ¿Cuántas pueden ser las relaciones entre el dinero y la religión? ¿Quién financia qué cosa? ¿Cuánto vale una misa? ¿Y un cura cuánto vale? La misa es gratis, el cura es gratis. Esto es lo que Bergoglio quiere enfatizar. El cristianismo es la religión del amor gratuito de Dios por los que nunca han merecido nada: los pobres y los pecadores. Es a estos que el reino de los cielos pertenece. Los ricos, diría Jesús, van camino al infierno no por ser ricos sino por poner tarifas a la salvación para luego comprar ellos, solo ellos, además de la tierra, el paraíso.
Los profetas están en peligro. Siempre se los quiere eliminar. El dinero es un ídolo de muerte. Benedicto XVI tuvo que renunciar cuando no pudo hacer más, entre otras cosas, contra los líos de platas de gente su entorno. El actual Papa ha querido identificarse con Francisco de Asís para reformar la Iglesia por la vía de la pobreza. ¿Lo logrará?
Debe recordarse -porque el mismo Papa se ha referido al episodio- que Jesús echó a latigazos del Templo a quienes habían convertido la religión en un negocio. El comercio chico era con palomas. El grande, con impuestos que iban en beneficio de la clase sacerdotal. ¡La bendición de Dios no se vende! Lo que Francisco no dice, pero lo afirman los estudiosos del Nuevo Testamento, es que este hecho desafiante de Jesús fue la gota que rebalsó el vaso. Se puede soportar casi todo. No que un profeta desenmascare el vínculo entre la religión y el dinero.
La Iglesia es gratis. No es normal que un profeta esté en el lugar de un monarca; no es corriente que un Papa diga que quiere una “Iglesia pobre y para los pobres”.
A algunos parecerá que todo andaría mejor si Francisco fuera más Papa que profeta. Más sacerdote al menos. No. Es profeta. Profeta de un cristianismo cansado, falto de rabia y de imaginación.


Jorge Costadoat


Jorge Costadoat es chileno, jesuita, profesor de teología de la Universidad Católica de Chile


HUELGAS DE CONSUMO


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La huelga es un derecho inalienable de los grupos maltratados.



 Puede ser casi el último recurso defensivo antes de la violencia, y el único capaz de evitarla. Es un recurso que sólo funciona con solidaridad y sacrificio. Por eso es muy importante que la huelga procure hacer daño sólo a quien debe hacerlo: al explotador y no al pobre vecino que casualmente “pasaba por ahí”. Si la huelga hace más daño al usuario que al empresario, acabará generando antipatías hacia los maltratados. Cosa que resulta fatal en la lucha por una sociedad más justa.
Pero esta última condición se ha vuelto muy difícil en sociedades modernas que viven más de los servicios que de la productividad industrial, y donde la producción está en manos de mafias multinacionales que residen muy lejos o que han podido imponer condiciones antisociales para invertir en un país. En estas condiciones, la huelga sólo podrá ser auténtica y eficaz si cuenta con el apoyo solidario de aquellos que no son directamente afectados por ella, pero son conscientes de que toda injusticia triunfante acaba deteriorando la sociedad en que vivimos. De este modo recuperaríamos la condición de ciudadanos que el sistema nos va quitando, reduciéndonos a meros consumidores. Por eso creo que hoy nos vemos todos llamados a unas huelgas solidarias de consumo que, además, pueden ser el único modo de evitar nuestra complicidad con un sistema inhumano. Un sistema que, en ese momento, hace daño a otros, pero cualquier día podrá hacérnoslo a nosotros.
Los ejemplos son fáciles: hace algunos años, el conocimiento de las condiciones laborales de los pobres niños que fabrican nuestro calzado deportivo, provocó un descenso mundial de ventas que obligo a Nyke a cambiar esas condiciones. El problema es que eso puede ser sólo una retirada momentánea para luego volver a las prácticas antiguas, cuando llegue la noche del olvido.
Durante este año hemos asistido en España a una huelga de trabajadores de Coca-Cola por unos ERES que al final fueron declarados ilegales; pese a la escasa información que dieron de ella los medios, hubo un descenso del consumo de Coca-Cola en nuestro país que, de haber sido más total, habría obligado a la empresa a rectificar antes. Las condiciones laborales de muchas empresas hispanas en Asia, (desde Zara al Corte Inglés) constituyen para toda la ciudadanía un imperativo de boicotear sus productos aunque nos exija un pequeño sacrifico adicional. Para no hablar de la absurda huelga al cava catalán en el resto de España, que no se debía a ningún imperativo de justicia sino a estúpidos orgullos nacionales supuestamente heridos; la cito no por su ejemplaridad sino porque su eficacia ilustra lo que pretendo decir.
Aún cabría añadir otras huelgas de consumo como respuesta a la falta de ética en la publicidad. Por ejemplo: boicot cuando la publicidad apele a nuestros más bajos instintos o, al revés, evoque los más altos valores para inducirnos a consumos vulgares (no quiero dejar de aludir al comentario irónico aparecido en El Periódico el pasado 3 de abril, a propósito de una propaganda sobre “Barcelona World”: “¡creí que se trataba de la Fundación Vicente Ferrer!”…). Boicot cuando nos engañen en los precios o nos digan sólo “precios increíbles”, pero sin concretar nada más, como si se tratara de la confesión de Jordi Pujol. Boicot cuando una publicidad se disfrace taimadamente de noticia o de diálogo con el informador… En esos casos y otros similares, la reacción ciudadana debería ser anotar aquel producto para dejar de comprarlo.
Es ya viejo el refrán: “donde no hay publicidad resplandece la verdad”, que no deberíamos olvidar sino más bien completar con este otro: “donde hay publicidad, decrece la calidad”. Incluso debemos soñar con que, igual que hemos conseguido que los productos que nos venden lleven una lista de sus ingredientes, consigamos un día que informen verazmente sobre el salario y las condiciones laborales de los trabajadores que los producen. Aquí sí que valdría aquello de “yes we can” si en ese “we” nos decidimos a entrar todos o casi todos nosotros.
Esas huelgas solidarias de consumo pueden llegar a tener un rendimiento muy superior al pequeño sacrificio que nos exijan. El lema de la semana contra el hambre en el pasado octubre (“una sola familia humana: alimentos para todos”) no será posible sin esas huelgas: porque semejante lema no cabe en la lógica de nuestro sistema (ni siquiera en esa formulación mínima que, al hablar de alimentos, prescinde de las diferencias cualitativas entre ellos, sin importarle que unos coman el pan solo y otros lo coman con jamón ibérico o con queso francés o embutido catalán)…
Pero esas huelgas no surgirán espontáneamente: requerirán tiempo, información y hasta algún trabajo desinteresado de coordinación. Han ido cuajando a otros niveles (como la recogida de firmas por internet). Y si cuajasen aquí ayudarían a convencernos del enorme poder que tenemos si vamos todos juntos: aquí sí que valdría aquello de “el pueblo unido jamás será vencido”.
Y además nos harían sentirnos mejor: porque hoy que tanto se habla de la felicidad, habría que añadir que el camino hacia ella no es el del consumo innecesario, que sólo aporta un bienestar animal momentáneo, sino el camino de sentirnos de veras personas.
José Ignacio Gonzalez Faus

miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL PESEBRE

En los spost anteriores se han hecho varias referencias al Pesebre (Belén) que todos los años se monta en la Escuela y que desde hace algunos ya es participación conjunta de la Escuela con miembros de los grupos de fe de Intiruna. Ahí va pues  un sintético trabajito sobre el mismo y esperamos les guste.

En primer lugar decir que comenzó allá en el mes de agosto, en los talleres de verano en el que un grupo de unos 23 intirunas comenzaron a trabajar sobre el material que tendría que ser necesario












Después, en diciembre, durante todo el mes, les tocó a los niños acompañadpos de algunos adultos

















 Designándose a Vicente Moreira Belenista del año 2014 de la Escuela Inti por su esmero, dedicación, cuidado, meticulosidad, etc

Y así nos quedó el pesebre:

Nuestra portada
 
Ambientación


Panorámicas





Anunciación



Camino de Belén



 El Portal








Herodes y el poder del imperio





Castillo y los Reyes



Matanza Inocentes


Huida a Egipto




La vida cotidiana