lunes, 12 de junio de 2017

FIESTAS DE SAN ANTONIO EN EL BOSQUE

Estos videos los dedico, de manera especial a mis gentes de Intiruna, en Ecuador, para que recuerden el taller de sevillanas de hace unos años, pero también  para todos los que los vean con el deseo de que los disfruten. Son lindos de verdad




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miércoles, 7 de junio de 2017

¿Quién resucita hoy?

por Blogger
index-anastasis-icon
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.comSEVILLA.
ECLESALIA, 17/04/16.- ¿Quién no ha sentido, en algún momento de su vida, la experiencia de morir? ¿Quién no ha sufrido el dolor físico, casi somático, de una separación indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado?
Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. A veces tan pequeñas que no dejan cicatriz visible, pero aun así muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas señales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la señora que coge el autobús a las seis de la mañana, el ceño fruncido del funcionario que apenas musita un buenos días, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustración del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada mañana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (¿cuántas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: “¿por qué me has abandonado?”).
Sí, cada uno de nosotros es un testimonio encarnado de resistencia, de resiliencia (ahora que tanto se emplea esta palabra), de aprender a respirar hondo y reencontrar el ánimo, “el ánima”, ese soplo vital que nos mantiene vivos. Porque estamos hechos para resucitar. La nuestra es una bella historia de resurrección, un milagro de fortaleza en la fragilidad que nos impulsa una y otra vez a despertar del letargo, a ponernos en pie, afianzarnos sobre la tierra, dejar atrás nuestras fosas y encierros, y seguir caminando con la cabeza erguida y el pecho descubierto. Para volver a la vida, sí, pero no a la de ayer. Resucitar es recrearnos entrañablemente: asomarnos a aquello que nos duele y acariciarlo como quien unge el cuerpo o los pies de la persona amada. Acoger, aceptar, amar, conmovernos desde las entrañas. Y atrevernos a salir, sin pudor, expuestas las heridas en señal de victoria, más conscientes de nosotros mismos, renacidos y aún dispuestos a hacerlo todo nuevo.
La anastasis es ese dinamismo interno que todos y todas experimentamos al sentirnos liberados de nuestros miedos e infiernos. De nada sirve admirar este milagro de la Pascua cristiana, este rito de paso o transición, si después no lo reconocemos en nuestra vida cotidiana. Y de poco sirve, además, esta experiencia de sanación personal si no transforma nuestro modo de contemplar a los demás y convivir con ellos. Quien ya pasó por una situación parecida comprende a quien ahora está sufriendo, sabe escuchar (porque también un día necesitó esa acogida), sabe acariciar con palabras y con gestos, domina el lenguaje de la ternura, y sabe conceder espacio, tiempo y dignidad a quienes se encuentran librando esa dura batalla. Porque un día fue también la suya; porque es la de todos.
Cada uno de nosotros está llamado a ser testimonio de resurrección para quienes no alcanzan a ver (y aguardan anhelantes) el estallido del alba. En silencio, nos decimos: “Yo pasé por ese trance que tú atraviesas hoy y salí fortalecido. Sé de tu dolor y me conmueve. Y en cuanto quiera que venga a partir de ahora, no estarás solo/a. Seguimos adelante. Estoy contigo”. Ayudarnos a vivir, ayudarnos a morir: he aquí el milagro que se entreteje cuando dos o más personas se reconocen desde la com-pasión y el amor. La radicalidad de este sentir común, de esta comunión que se llena de sentido por lo sentido, nos moviliza e interpela a adoptar una nueva manera más sensible, empática y receptiva de estar en el mundo. Renacidos una y otra vez de tantas pequeñas crisis, albergamos en nosotros un espíritu de sabiduría y fortaleza que nos impulsa a ser portadores de paz, “resucitadores” de otros.
Luego están esas otras muertes: las que nos arrancan de nuestro lado y para siempre a las personas que amamos y que nos aman, y dejan henchido de ausencia el espacio que antes ocupaba su figura. Hermoso y triste vacío habitado. Quien más, quien menos, sabe a qué me refiero. Hace algo más de dos años perdí a mi mejor amigo y no ha pasado un solo día en que no lo haya recordado. Como la Magdalena, también yo fui al sepulcro para visitar y honrar el último lugar en la tierra donde reposó el cuerpo de mi amigo. Sabía que no lo encontraría allí, que aquel nombre sobre esa lápida fría poco o nada podría decirme del hombre que yo había conocido. Fui, no obstante, porque más allá del vértigo que produce el abismo, somos materia en busca de un abrazo. Y, como hemos hecho tantos, lloré junto a su tumba la tristeza de no volver a verlo. Enterramos a nuestros muertos pensando que con ellos muere también una parte de nosotros mismos, una determinada manera de pronunciar nuestro nombre, retazos de una historia hecha recuerdos.
Transcurre el tiempo (tres días, tres meses, tres años) y, en un determinado momento, incomprensiblemente, ciertos lugares parecen reavivar en nosotros aquella presencia tan amada. Resuenan en lo profundo sus palabras, como el eco de una musiquilla que creíamos olvidada. Comenzamos a revivir instantes y destellos de experiencias compartidas. Y descubrimos con sorpresa que los consejos y enseñanzas de las personas que amamos todavía nos acompañan, nos conforman e iluminan el camino. Así debieron sentirlo los discípulos de Jesús (mi espíritu permanece con vosotros), siendo en realidad una experiencia al alcance de todos. Y cuando esto ocurre, nace en los labios (rebosa del corazón) la sonrisa cómplice y serena de quien, al fin, comprende todo. Y sabe (porque lo ha experimentado) que el milagro de la Vida que se entrega sin medida consiste en un irse dando poco a poco, en un quedarse en los demás cada vez con mayor hondura, en un dejar los corazones sembrados con la belleza de los encuentros.
También era esto, resucitar: un reavivar muy dentro esa mirada que alguien (Alguien) nos regaló un día, haciendo que ya nada volviera a ser lo mismo. Un abrirse a la certeza de un Amor partido y repartido, capaz de inaugurar otra forma de comunión y de presencia. Y un alegrarse sin medida y un agradecer el poder transformador de ese Amor. Agradecer siempre. Porque, al cabo, ¿quién no ha tenido alguna vez esta experiencia de resurrección? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

sábado, 3 de junio de 2017

FUEGO CÓSMICO

Miras en derredor,
miras al mundo,
y sus gritos me llegan,
y, sus gritos,
pulverizando tímpanos,
se hacen, en mi, vorágine
de terror, de miedo,
de espantada, de huida.
También de desespero.
Y en medio de ese miedo
de judío a judío,
a blanco, a corrupción,
al poder del dinero
que puede destruir
destruyendo los sueños,
dentro del pálpito que por mis venas siento
se imponen, no sé cómo,
palabras que me queman,
que son fuego y acero
y, como esperma fecundo,
hará que de mis entresijos
brote el valor para decir:
Sí, quiero.
Después continuará el día a día,
el poco a poco,
el quiero pero no hago,
el puedo pero no quiero,
de mis claudicaciones.
Y, consciente de ello,
y, a pesar de ello,
mis brazos se hacen prietos
abiertos al orgasmo cósmico
de tu beso eterno
que pusiste un día en mi frente,
con el que me sellaste
y en el que, a pesar de todo,
me  mantengo.

José Luis Molina

                Pentecostés 2017



ES BUENO UN POCO DE HUMOR

Efectivamente, de acuerdo con su protagonista, son unos minutos de humor pero con una realidad de fondo que no debemos ignorar ni minimizar. Aconsejo lo vean y lo disfruten




viernes, 2 de junio de 2017

Recordando y celebrando la historia…
“¡POR LA VIDA, HASTA LA VIDA! ¡UN CIRIO POR LA JUSTICIA!”











El 2 de junio del 2005, en las puertas del Palacio Arzobispal, cinco mujeres (Anita Troya, Elizabeth Chiguano (+), Julia Hernández , Alexandra Molina y Carmen Chalá) profesoras y madre de familia de la Escuela Inti, se declararon en Huelga de Hambre.  Esto en protesta a las decisiones que en ese entonces el Obispo Raúl Vela había tomado contra la  comunidad Sta. María del Inti y los sacerdotes Miguel Olmedo y José Luis Molina, lo cual  ponía en riesgo la continuidad de la Escuela Inti.

Sectores ciudadanos de Quito, se congregaron en apoyo a los objetivos de la huelga de hambre; medios de comunicación, hicieron cobertura diaria.
Radio “La Luna”, difundió la noticia al igual que otros medios radiales, televisivos y digitales.  Pronunciamientos de apoyo se hicieron escuchar desde el Congreso Nacional y distintos movimientos sociales, solidarizándose con la causa de la Parroquia  y Escuela Inti.

En el transcurso de los días y noches que la comunidad Inti se tomó la puerta del arzobispado, se encendieron luces con la consigna: ¡UN CIRIO POR LA JUSTICIA!, y  cientos de personas se solidarizaron con su causa, personas sencillas, estudiantes, familiares de los huelguistas, artistas y una que otra figura política.  Más de 10.000 firmas en apoyo se recogieron durante la huelga, las cuales guardan celosamente esta comunidad, como sacramento de la historia y como respaldo a una lucha que escenifica el pasaje bíblico de David contra Goliat.

El avance de la huelga presionó a que la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, elija al Arzobispo emérito de Cuenca, Alberto Luna Tobar(+), para mediar en el conflicto. 
La huelga de hambre se levantó el 12 de junio del 2005, en medio de una celebración litúrgica a las puertas del obispado en plena Plaza Grande, con una fuerte carga simbólica y humana, después de que el obispo Raúl Vela pidiera al Municipio de Quito que  entregara, en comodato, el espacio físico que ocupaba la Escuela y que en principio era administrado por la parroquia del Inti; ello no por iniciativa propia, sino debido a la presión social manifiesta. El Municipio de Quito accedió y  concedió  el espacio en comodato por treinta años.

El recientemente fallecido Monseñor Alberto Luna Tobar, afirmó  en defensa de los sacerdotes españoles durante ese proceso que: “todo lo actuado desde los sacerdotes Miguel y José Luis se transparentaba a la luz del evangelio”



jueves, 1 de junio de 2017

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?


silencio¿DÓNDE ESTÁ DIOS?
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).
ECLESALIA, 22/05/17.- Es una constante desde los albores de la presencia humana que las personas expresen su sentido de la trascendencia con profusión de signos externos. En todas las culturas se han manifestado el deseo de trascenderse a uno mismo, de relacionarse con el Otro (religare) en una permanente búsqueda del sentido último de la existencia y del encuentro que con Alguien que dé coherencia y sentido a lo que nos ocurre; pero nada ha demostrado que Dios existe. Ni que no existe, claro. Lo cierto es que aumenta la insatisfacción de una sociedad atrapada entre sus ruidos y la crisis de principios que remeda lo peor de la Ilustración al idolatrar los saberes como fuente de seguridad humana dejando de lado casi todo lo demás, a Dios incluido. Son tiempos difíciles.
Aunque el ateísmo es un fenómeno social moderno, la historia de las religiones solo demuestra la existencia del sentimiento religioso en todas las épocas y de muy distintas maneras; sentimiento que ha convivido con otra parte más oscura, la de las tremendas confrontaciones entre personas religiosas, que han terminado en matanzas por la pretensión de imponer la idea de dios (el suyo propio) a los que sienten y viven de diferente manera demostrando que sus actos lo peor de la condición humana, lejos de mostrar una experiencia de fe religiosa. Incluso quienes creen que Dios no existe, se preguntará en alguna ocasión: los que dicen conocer de Dios, ¿dónde le ven? ¿Por qué creen? ¿Qué significa en sus vidas creer cuando llega el fracaso? ¿Qué sienten o saben? ¿Por qué tienen ese tipo de experiencias? ¿Por qué no las tengo yo?
El jesuita hindú Anthony de Mello, contaba esta parábola: “Viendo a una niña marginada, aterida y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente, me encolericé y le dije a Dios: ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo? En pleno silencio, esa noche Él me respondió: “Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti.”
No podemos demostrar donde está Dios pero muchas personas han dado sobradas muestras de haber tenido a Dios consigo. El más original, sin duda, es el Dios de los cristianos que basa todo su mensaje en el amor. Dios está en medio -o mejor, dicho, dentro y fuera por aquello de lo inmanente y trascendente- de toda manifestación auténtica de amor que brote en cualquier persona de todo tiempo y lugar. Y ese amor-manifestación se anuncia como el motor de la historia en el sentido de ser la llave maestra para la experimentación de la plenitud humana.
Estamos ante un Dios chocante, de lo pequeño, de lo sencillo, de lo auténtico. En su pedagogía no cabe el interés calculador, como corresponde a un Dios amoroso. Es un Dios “absurdo” porque no se apoya en su poder para transformar por dentro a todos aquellos que practican su mensaje, sino que actúa respetando el buen o mal uso de la libertad de los hombres. Es alguien nada abstracto que se le siente en la humildad y en la escucha; es el Amor con mayúsculas.
Este Dios es pura pedagogía en el sentido de que nos descubre, poco a poco, trocitos de su divinidad en la medida que el ser humano se abre a la escucha, libremente. Pero Dios no es nunca comodidad sino experiencia entre claroscuros que amenazan con apagar la fragilidad de la fe. Pero esta fe no se pierda jamás por buscar sin miedo la verdad, como repetía frecuentemente Anthony de Mello.
La causa de Dios es la causa del prójimo, pasa por el próximo, por el hermano como epicentro que es de la Buena Noticia del Dios de Jesús de las bienaventuranzas. El silencio de Dios ante tanto dolor no deja de ser una llamada para que le dejemos actuar a través de nuestras manos ¿Dónde está Dios? Está dentro de nosotros manifestándose con cada gesto de amor que realizamos. Enredarnos en otras prioridades puede resultar un escándalo para tantísimos que buscan al Dios de la misericordia.
Al final, la pregunta de fondo es: ¿Creemos en alguien o creemos en algo? Amar significa dejarnos transformar por ese Alguien desde los acontecimientos de la vida, aceptar el riesgo de una nueva manera de ver y obrar, de comprender y actuar; en definitiva, de abrirnos al amor de Dios. Solo quienes se mantienen en la voluntad de avanzar en esta dirección llegan a descubrir donde está Dios: nos está esperando, a cada ser humano, junto a la inocencia que sufre (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Misterio y grandeza.

Blogger | 22 mayo, 2017 en 00:00 | Etiquetas: AmorAteismoDiosFeMisericordiaProjimoReligiones | Categorías: REFLEXIONES | URL: http://wp.me/pICCL-3O0
Recomiendo a quien desee sintetizar este artículo de una manera muy básica y sencilla, lo complete, si puede con un montaje de diapositivas (ya casi han desaparecido) que se titulaba "Algo-Alguien". José Luis Molina

EL CIELO SE HIZO PARA VOLAR



Acabo de terminar de leer la novela
“La cruz invertida” de Marcos Aguinis (Premio Planeta 1970)
Toda ella pero, de manera especial, los capítulos 75 y 76, al
final, la figura del Nuncio Apostólico  me hico evocar, con
tintes de biografía personal,  al Obispo Néstor Herrera.

Dedicado a todos los que no renuncian a ser globos.






Soñé que me despertaba.
Estaba amaneciendo. Y busqué la fecha: 1 de junio, “Día del Niño”
Desde unos brazos pequeños, y desde sus pequeñas manos, se iban  soltando multitud de globos de diversos colores que moteaban el azul del cielo.
Los pequeños brazos y manos seguían elevados. Las palmas abiertas parece como si esperaran.
Y una algarabía bulliciosa acompañaba el momento.
En todos los globos se reflejaba el rostro de un niño sonriendo. Los globos hacían cabriolas con el aire mientras se elevaban.


Dos de ellos, lo sé de buena tinta, se fueron elevando cada vez más, tanto tanto que saludaron a San Pedro al pasar la puerta y se posaron en las manos de Luis Alberto, que estaba viendo una corrida de toros, y de Elizabeth que, vestida de payaso saltaba con sus zancos de nube a nube entreteniendo a los angelitos de la guardería que estaban en el recreo.
Otro también se separó del resto de los globos. No subió. Remontó el Rancho de los Pinos y contempló “Los Valles”: Sangolquí, Los Chillos, San Rafael,.. ¡Qué hermoso se veía!.
Buscó y descendió hasta el jardín de una de las casas. En él había descubierto una figura vestida de negro. Se paró ante él. Éste quiso tomarlo. Pero el globo no aceptó su contacto y explotó.
De su interior cayó un pequeño pedazo de papel doblado con cuidado.
Con dificultad se agachó y lo tomó. Y mentras lo leía, su cara cambiaba;
                Sr. Raúl Vela.
                Hemos durado más que tú.
                La Escuela Inti sigue estando en la Lucha.
                Intiruna sigue estando en la Lucha
                Los niños siguen riendo.
                Y SEGUIMOS RESPIRANDO EL AIRE DE QUITO.
                Hoy te recordamos y, lógicamente, no nos produces alegría pero, tranquilo, no eres una pesadilla, simplemente un susto.


                       José Luis Molina