sábado, 6 de febrero de 2021

JOB Y LA IMPACIENCIA

 

 


 

 

¿El mal es que unos tengan escaleras y otros                            no alcancen o qué haya muros?                 

  

En, posiblemente, la época más difícil de mi vida, me encontré, circunstancialmente, con una persona que ya no he vuelto a ver ni a saber nada de él, pero que fue fundamental para mi.

Era una época en la que yo andaba enfrentado con Dios, y  lo hacía con mala conciencia, pero no podía hacer otra cosa, ni podía decir que estaba de acuerdo con “su voluntad”. No. Tan era así, que cuando en misa se rezaba el Padre  Nuestro, yo (no sé si era infantilismo, rabia, impotencia,…), al llegar al “hágase tu voluntad”, me callaba y bajaba la cabeza para que pasaran desapercibidas las lágrimas de mis ojos. Cuando, después de un tiempo, volví a ser capaz de rezarlo entero, la primera vez creo que solo fue mentalmente, al llegar al “hágase tu voluntad”, también lloré pero posicionándome de manera totalmente diferente.

Poco a poco fui recuperando a Dios, que no se había ido pero al que yo no dejaba entrar.

Y en todo esto, que evidentemente fue un proceso largo, jugó un papel importante aquella persona. De una manera como muy normal me propuso que leyera un libro: “La impaciencia de Job” de José María Capdevilla editado en B.A.C.

Hoy , la primera lectura, me ha hecho recordar todo aquel trasiego.

Job, al menos a mí así me lo habían pintado, era el prototipo de la paciencia, de la resignación, … y yo no me resignaba, no me aguantaba, y mi impotencia frente a un Dios que mandaba no sé cuantos sufrimientos  para “probarnos” y ante el que no podía hacer nada, me acompañaba de día y de noche, a la sombra y bajo el sol.

La lectura de ese libro me aclaró muchas cosas.

Primero, la más importante, Dios no manda pruebas ni las necesita. Era Satanás, es decir la manipulación de Dios, quien las requería. A Dios le importamos en toda nuestra realidad.

Segunda: Job no aceptaba, o aguantaba, pacientemente todos los avatares de su historia. Se preguntaba causas y motivos, se situaba con honestidad frente a la realidad, rechazándola y lamentándola porque ponía en valor grande toda la vida. Por eso buscaba explicaciones que lo llevaban hasta Dios para descubrir que el mal no puede venir de él. Y en coherencia con esta postura, así de coherente tenía que afrontar la realidad y hacer frente a sus consecuencias aunque visceral  y vitalmente las repudiase. Los buenos consejeros llenos de palabrería vacías pero pomposas, halagadoras y huecas frente a Dios, no podían estar cerca de Dios, hablar de parte de Dios, porque la suerte de Job no les salpicaba, evidentemente no eran sus  próximos.

Job, dentro del dolor, se mantuvo coherente con la vida en la que sabía estaba Dios. Por eso no es que luego Dios, al final, le regalara un décimo premiado de la lotería para que la vida volviera a irle bien. Es que desde esa postura coherente, valiente, frontal, honesta, … siempre valoras la realidad de la vida, el valor de la persona y eso derrota al demonio y da plenitud a pesar de las lágrimas y las amarguras y junto con las alegrías y la esperanza.

Y, desde ahí, es interesante mirar al Jesús que cura de enfermedades, libera de demonios y esclavitudes y da plenitud y sentido a la vida sin evitarnos ni las dificultades en el covid.

No valen las posturas  de los amigos de Job: Actos y palabras devocionales para que Dios nos libre del covid pero sin asumir la pandemia como realidad colectiva llevando la falta de empatía a planteamientos o acciones insolidarias.

                   José Luis Molina

                                        6 de febrero del 2021

 

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