lunes, 30 de enero de 2012

DÍA DE LA NO-VIOLENCIA Y LA PAZ

En esta noche de amanecida al 30 de enero soñé, soñando con Martin Luther King, que llegaba el día en que los hombres, como palomas de paz, se elevaban por encima de si mismos comprendiendo que están hechos para vivir juntos, en hermandad.
Pero el rostro de Martín Luther King, sin cambiar de color, se iba desdibujando en sus rasgos y, en un efecto óptico, se mutaba en los de Barack Obama. Éste, con una sonrisa propia de los pinceles atormentados de Goya, se dedicaba a jugar haciendo palomitas de papel que, mientras en sus picos sostenían ramas de olivo, por sus vientres expulsaban semillas de muerte, ahora sobre Irán, ayer ya sabemos, mañana ya veremos.
Alrededor de él solícita y sumisa aplaudía Europa que se sentía feliz raptada por éste Júpiter que ahora, en vez de en toro, se disfrazaba de Tío Sam. Y mientras se sometía a su cortejo criticaba a aquellos que, un poquito más abajo del mapa, modifican la realidad con solidarios esfuerzos de justicia en favor de los por siempre desfavorecidos.
Y dirigí mi mirada a Oslo buscando a los sesudos distribuidores de bandas "nobeliarias". Pero no los encontré: tal vez estuvieran ocultos entre las nubes de la dignidad y la gloria. Y aún sabiendo, al menos dudando llegara a sus manos, les dejé una nota escrita desde una precipitada urgencia, y en ella simplemente les decía:
¿En qué estaban pensando para asignar a Obama la banda de "Mister de
la Paz?. ¿Qué hubo detrás del escenario?
A ustedes les concedo un título especial: El de "Luchadores contra la paz"
porque mientras el liderazgo respalde actuaciones como las de Obama
será difícil creer y soñar con la paz.
Me desperté. En la amanecida, aún entre conciencia y sueño, caminé por las calles para buscar a Aute y decirle que necesitaba escuchar su "Al alba" en este amanecer que no rompe en despertar.
José Luis Molina